A pesar de los desembolsos recientes del FMI, el panorama financiero de Argentina en su relación con el Fondo Monetario Internacional se complica. De aquí al fin del mandato presidencial de Javier Milei, el país deberá afrontar pagos netos por unos USD 7.200 millones, una cifra que refleja el cambio de signo en el flujo de divisas entre el Gobierno y el organismo multilateral.
El último informe de la consultora Eco Go, dirigido por la economista Marina dal Poggetto, advierte que el saldo neto entre los ingresos y egresos vinculados al FMI será negativo para el país, incluso considerando los fondos que aún llegarán. La fase de aportes netos positivos, que se sostuvo hasta mediados de 2024, ha llegado a su fin.
Fin de la etapa de alivio financiero
En abril pasado, Argentina recibió casi USD 12.400 millones del FMI, lo que dio inicio a la llamada “Fase 3” del programa económico vigente. A ello se suma un nuevo desembolso aprobado recientemente de USD 2.100 millones, tras la primera revisión del acuerdo. Sin embargo, de ahora hasta diciembre de 2027, el país deberá pagar más de lo que recibirá, lo que marca una nueva etapa en la relación con el Fondo.
Del último giro, USD 801 millones se destinarán al pago de intereses de agosto, y a partir de noviembre, con desembolsos más pequeños y espaciados, el balance pasará a ser negativo. Aunque la primera amortización de capital comenzará en septiembre de 2026, la combinación de intereses y pagos menores hace que el flujo neto se vuelva deficitario.
En total, Argentina terminará pagando USD 7.200 millones netos al FMI hasta el final de la actual presidencia, incluso con los fondos que restan por ingresar, según proyecciones de Eco Go.
Cronograma ajustado y flujo decreciente
El calendario de pagos no se ha modificado con la primera revisión del programa. A los USD 2.100 millones recién aprobados, se suman USD 1.000 millones en noviembre de este año, y luego, entre 2026 y 2027, cuatro desembolsos de USD 700 millones cada uno, programados para mayo y noviembre de ambos años.
A partir de septiembre de 2026, sin embargo, comienzan los pagos de capital, lo que aumentará la carga financiera total. La deuda total con el FMI se sitúa actualmente en USD 48.000 millones, y se elevará a más de USD 50.000 millones con los nuevos fondos.
El gráfico del informe de Eco Go refleja claramente esta transición: los pagos de intereses en celeste, los desembolsos en gris y el flujo neto en verde, que cae en terreno negativo a medida que avanzan los meses.
Dólares, riesgo país y políticas cambiarias
El acuerdo alcanzado en abril implicó que el Gobierno, siguiendo lineamientos del FMI, abandonara el crawling peg del 1% mensual para el tipo de cambio oficial, optando por una flotación con banda amplia, inicialmente entre $1.000 y $1.400. El objetivo era acumular reservas, elevar tasas de interés y reducir el riesgo país, para poder refinanciar deuda en el mercado.
No obstante, el propio Gobierno decidió no acumular reservas, argumentando que en un régimen flotante no eran necesarias. En su lugar, emitió bonos en pesos para no residentes que pagaron en dólares, una medida que no logró reducir el riesgo país, que nunca cayó por debajo de 600 puntos básicos.
Así, la posibilidad de fortalecer las reservas quedó diluida, y el propio FMI relajó la meta de acumulación en la primera revisión del acuerdo, reconociendo las dificultades estructurales para alcanzar los objetivos iniciales.
La fuga de divisas persiste
Uno de los grandes obstáculos para estabilizar el frente externo sigue siendo la alta demanda de dólares por parte de las personas físicas, tras la eliminación del cepo cambiario. Según Eco Go, en lo que va del año la formación de activos externos y el gasto en turismo sumaron USD 14.690 millones.
Esa demanda fue cubierta gracias a una liquidación récord de exportaciones, en particular del sector agropecuario, con un promedio de USD 8.000 millones mensuales, y también mediante financiamiento privado. Sin embargo, la inversión extranjera directa (IED) continúa siendo marginal o incluso negativa, con empresas locales comprando activos de compañías extranjeras, lo cual resta ingreso genuino de divisas.
Incluso los proyectos presentados bajo el Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI) no han generado aún flujos significativos, y los anuncios de capitalización todavía no se traducen en ingresos efectivos.
Un escenario desafiante hacia 2027
El diagnóstico es claro: el flujo de dólares será negativo en el vínculo con el FMI hasta el fin del mandato de Javier Milei. El servicio de deuda crecerá mientras los desembolsos disminuyen, y al mismo tiempo, el país sigue sin generar divisas por inversión o exportaciones sostenibles fuera del agro.
En este contexto, el desafío para el Gobierno será evitar tensiones cambiarias, asegurar la continuidad de los programas con el FMI y lograr condiciones para reinsertarse en los mercados voluntarios de deuda. De lo contrario, la carga financiera se volverá cada vez más pesada, en un entorno donde la fuga de capitales y la escasez de reservas siguen limitando cualquier margen de maniobra.
