En una pequeña casa de Tel Aviv, Yehuda Cohen duerme con el celular en la mano, esperando una llamada que cambie su vida. Su hijo Nimrod está entre los 59 rehenes que, según confirmó el gobierno israelí este miércoles, siguen en poder del grupo terrorista Hamas en la Franja de Gaza. De esos 59, 24 estarían vivos. Esos números —más que cifras— son la esperanza o la sentencia para decenas de familias como la suya.
Un número que duele más que mil palabras
El anuncio lo hizo Gal Hirsch, el coordinador principal para la recuperación de los rehenes. Aclaró que 35 de los secuestrados han sido confirmados como muertos, mientras que 24 están registrados como vivos. La declaración llega justo después de que el expresidente estadounidense Donald Trump declarara que solo 21 rehenes seguían con vida.
Esa cifra causó indignación. “¿Qué sabe Trump que nosotros no sabemos?”, reclamó Alon Nimrodi, padre de otro rehén, Tamir. El Foro de Familiares de Rehenes y Desaparecidos emitió un comunicado urgente, exigiendo al gobierno israelí que aclare si hay nueva información de inteligencia que no ha sido compartida.
Una guerra de cifras… y de emociones
Lo que duele no es solo la incertidumbre, sino la percepción de abandono. “Netanyahu simplemente se queda sentado calculando sus ganancias”, acusó Yehuda Cohen. Para él y cientos de familiares, la sensación de que los rehenes son usados como piezas de ajedrez político es insoportable.
Hirsch intentó calmar los ánimos asegurando que “mantienen contacto continuo con las familias”, ofreciendo actualizaciones en todo momento. Pero la grieta entre las autoridades y los ciudadanos afectados se ha hecho más profunda con cada día que pasa sin resultados concretos.
Una posible tregua y un rayo de esperanza
Mientras tanto, Egipto ha recibido una propuesta de Estados Unidos para facilitar una tregua en Gaza. Esta nueva iniciativa sería más simple que los acuerdos anteriores, e incluiría la liberación de rehenes como parte de un “marco de negociación” para frenar la guerra.
El plan se enfoca en abrir corredores humanitarios, liberar algunos rehenes clave —como el soldado estadounidense-israelí Edan Alexander—, y ofrecer pruebas de vida y acceso a medicinas para los restantes. La iniciativa coincide con una reunión clave de líderes de Hamas en Catar, donde evalúan las propuestas actuales.
El secuestro como herramienta de guerra
Hamas, catalogado como grupo terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea, Israel y otras potencias, ha utilizado el secuestro como método de presión política durante décadas. Este último episodio, sin embargo, ha tocado un nervio particularmente sensible, tanto por la duración del conflicto como por la creciente presión internacional para liberar a los rehenes.
La guerra en Gaza, que ha dejado miles de muertos y millones desplazados, podría encontrar en esta propuesta un pequeño punto de inflexión. Pero mientras no haya pruebas contundentes de vida o avances reales, los padres como Yehuda seguirán durmiendo con el teléfono en la mano, esperando.
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