“Guerra larga”: la orden que congela la vida en Israel

“Guerra larga”: la orden que congela la vida en Israel
“Guerra larga”: la orden que congela la vida en Israel

La vida en Israel se ha detenido. Tras la orden del gobierno de prepararse para una “guerra prolongada”, el país vive en estado de emergencia. Las calles están más vacías, las escuelas cerradas y el sonido de las sirenas es la nueva normalidad.

   «Prepárense para una guerra prolongada». Esta no es una advertencia de un analista externo, sino la directiva oficial que el alto mando militar israelí, siguiendo las órdenes del gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, ha comunicado a la nación. La frase, cargada de gravedad, ha transformado la vida cotidiana en Israel, sumiendo al país en un estado de emergencia que pone a prueba la resiliencia de su sociedad y la cohesión de su liderazgo político.

   Desde el estallido de la guerra abierta con Irán, el gobierno israelí ha adoptado una postura de máxima dureza. El ministro de Defensa ordenó a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intensificar los ataques contra objetivos estratégicos y gubernamentales en Irán, con el objetivo declarado de debilitar al régimen. Netanyahu ha sido tajante en sus mensajes: «Los tiranos de Teherán pagarán un alto precio» , una retórica que señala una determinación de llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias.

   Esta postura se ha traducido en una paralización casi total de la vida civil. A nivel nacional, se ha declarado el estado de emergencia, lo que implica:

  •    Cierre de centros educativos y laborales: Todas las actividades educativas y los centros de trabajo no esenciales han sido suspendidos en todo el país por motivos de seguridad.
  •    Vida en los refugios: La población vive en un estado de alerta constante. Las sirenas antiaéreas se han convertido en una banda sonora lúgubre, y las directrices del Comando del Frente Interno instan a los ciudadanos a permanecer cerca de los refugios y espacios protegidos.
  •    Impacto psicológico: El coste mental es inmenso. Los servicios de emergencia de Magen David Adom reportan un aumento significativo en el tratamiento de personas por ataques de ansiedad y estrés agudo, las cicatrices invisibles de vivir bajo amenaza constante.

La frágil unidad nacional bajo presión

   Como suele ocurrir ante una amenaza existencial externa, la sociedad israelí ha mostrado una fuerte cohesión inicial, un efecto conocido como «rally ‘round the flag» (unirse en torno a la bandera). Sin embargo, esta unidad es inherentemente frágil y podría resquebrajarse a medida que la guerra se prolongue y los costos —humanos y económicos— aumenten.

   Bajo la superficie de la unidad patriótica, persisten las divisiones políticas previas al conflicto y las críticas a la gestión del gobierno, especialmente en lo que respecta a la crisis de los 53 rehenes que aún permanecen en Gaza, una herida abierta que sigue supurando en la conciencia nacional. Una guerra larga y costosa contra Irán inevitablemente reavivará estas tensiones, poniendo al liderazgo de Netanyahu ante una posible crisis política interna una vez que la amenaza inmediata disminuya.

   «Este país permanece en estado de alerta, en estado de emergencia. Y esto es solo el comienzo de lo que es una guerra que se está desarrollando rápidamente entre Israel y Irán», reportaba un corresponsal desde el terreno, capturando la atmósfera de incertidumbre y tensión.

 De la defensa a la pre-emption: Un cambio en el alma nacional

   Este conflicto también está marcando un cambio fundamental en la psique nacional y la doctrina de seguridad de Israel. Durante décadas, la identidad defensiva del país se construyó en torno a la idea de una fortaleza tecnológica impenetrable, simbolizada por el Domo de Hierro. La ofensiva actual, denominada «Operación León Naciente», representa un giro decisivo hacia una doctrina de pre-emption (ataque preventivo) a gran escala, conocida como la «Doctrina Begin».

   Israel ya no se limita a defenderse; está atacando primero y con una fuerza abrumadora para neutralizar la amenaza antes de que se materialice por completo. Este cambio estratégico plantea una pregunta profunda para la sociedad israelí: ¿sentirse más seguro significa vivir en un estado de guerra proactiva y perpetua?

   Mientras tanto, la economía muestra signos contradictorios. A corto plazo, el shekel israelí se ha fortalecido, una señal de que los mercados confían en la capacidad y determinación militar de Israel. Sin embargo, el cierre del espacio aéreo ha dejado varados a miles de ciudadanos y turistas, y el impacto a largo plazo de una guerra de desgaste en la inversión, el turismo y la productividad es una nube negra en el horizonte económico. La nación se prepara para una prueba de resistencia que medirá no solo su fuerza militar, sino la solidez de su tejido social y político.

Salir de la versión móvil