Guardia Revolucionaria: Irán prepara una nueva fase de la guerra

La tregua de junio habría permitido a Irán reforzar mandos, aumentar armas y preparar nuevas acciones en Ormuz y otras rutas estratégicas.

Guardia Revolucionaria: Irán prepara una nueva fase de la guerra
Guardia Revolucionaria: Irán prepara una nueva fase de la guerra

La Guardia Revolucionaria aparece nuevamente en el centro de la estrategia militar iraní durante el periodo que siguió a la tregua de junio. De acuerdo con la información de The Wall Street Journal utilizada como base para este análisis, Teherán habría aprovechado los 60 días abiertos por el memorando firmado el 17 de junio para reorganizar su estructura militar, aumentar la producción de misiles y drones y preparar nuevas acciones relacionadas con la navegación en el estrecho de Ormuz.

El escenario descrito muestra dos caminos que avanzaron al mismo tiempo durante la tregua. Mientras Washington buscaba utilizar el acuerdo para reabrir Ormuz y avanzar hacia una solución relacionada con el conflicto y el programa nuclear iraní, sectores de la dirigencia de Teherán habrían interpretado la pausa de otra manera. La prioridad habría sido aprovechar el tiempo para reforzar las capacidades militares y prepararse ante la posibilidad de una nueva etapa de enfrentamientos con Estados Unidos e Israel.

La Guardia Revolucionaria ganó peso durante la tregua

Según la información proporcionada, la pausa de junio no significó para todos los sectores iraníes una oportunidad para avanzar hacia un acuerdo definitivo. Dentro del aparato militar y de seguridad habría prevalecido una lectura distinta, marcada por la desconfianza hacia Washington y por la percepción de que los enfrentamientos anteriores habían demostrado la necesidad de fortalecer las defensas y preparar nuevas capacidades ofensivas.

Ese proceso incluyó cambios en la estructura de mando. El líder supremo Mojtaba Khamenei realizó siete nombramientos en instituciones militares y represivas, con el objetivo señalado de endurecer la cadena de mando y reforzar las estructuras de inteligencia. Entre esos movimientos estuvo el nombramiento de Mohsen Rezaei como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, una figura que había comandado la Guardia Revolucionaria durante la guerra entre Irán e Irak.

La reorganización también alcanzó a Basij, fuerza voluntaria vinculada al aparato de seguridad iraní. Hossein Taeb regresó a su conducción con la tarea de convertirla en una red de inteligencia popular, de acuerdo con la información citada. El ejército regular también recibió cambios en su dirección, mientras Ali Abdollahi asumió el mando unificado de sus dos ramas.

Misiles y drones forman parte de la preparación

La reorganización militar no se habría limitado a los nombramientos. De acuerdo con los hallazgos de inteligencia árabe citados por The Wall Street Journal, Irán habría incrementado durante la tregua la producción de misiles y drones, además de mantener contactos con grupos aliados en Yemen, Irak y Líbano.

La información señala también el envío de asesores a esos países y la existencia de comunicaciones relacionadas con una estrategia destinada a ampliar el conflicto. Dentro de este escenario, la Guardia Revolucionaria habría supervisado movimientos de misiles, armas navales y lanzadores de drones en posiciones próximas al mar Rojo.

La cooperación con los hutíes en Yemen también habría adquirido una dimensión importante. Según los datos proporcionados, Irán entregó inteligencia, información sobre posibles objetivos y recomendaciones para reducir el impacto de eventuales represalias sauditas. Entre los objetivos mencionados figuraban puertos e instalaciones energéticas de Arabia Saudita.

El resultado descrito fue una nueva escalada hacia finales de julio. Los hutíes atacaron fuerzas del gobierno yemení respaldadas por Arabia Saudita, anunciaron el cierre del estrecho de Bab el-Mandeb para Riad y atacaron barcos sauditas. De esta forma, la tensión dejó de concentrarse únicamente en Ormuz y comenzó a afectar también otra ruta esencial para el comercio y el transporte energético.

Ormuz quedó atrapado entre negociación y presión militar

El estrecho de Ormuz fue uno de los principales puntos del acuerdo de junio. Según la información proporcionada, Teherán debía permitir la apertura progresiva del paso marítimo como parte de las condiciones establecidas durante la tregua. A cambio, el acuerdo contemplaba beneficios económicos para Irán, entre ellos exenciones de sanciones para facilitar la venta de petróleo y el acceso a miles de millones de dólares congelados.

También se mencionó la posibilidad de un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares, mientras Irán debía negociar de buena fe sobre su programa nuclear. Sin embargo, la posibilidad de avanzar hacia una reapertura gradual de Ormuz terminó enfrentándose a la posición de la Guardia Revolucionaria.

De acuerdo con la información citada, mediadores señalaron que diplomáticos iraníes habían aceptado a comienzos de agosto un acuerdo con Omán para establecer y supervisar rutas que permitieran reabrir gradualmente el estrecho. Ese avance habría sido bloqueado posteriormente por la Guardia Revolucionaria, que volvió a atacar embarcaciones.

La situación muestra el contraste central del periodo de tregua: mientras existía una vía diplomática para intentar recuperar el tránsito marítimo, también avanzaba una preparación militar que aumentaba la presión sobre esa misma ruta.

La tensión se extendió hacia otros países del Golfo

La información proporcionada señala que la escalada no quedó limitada a las aguas de Ormuz. Durante una pausa en los combates, Irán lanzó cinco misiles balísticos contra Jordania, después de otro ataque registrado en ese país que había provocado la muerte de tres militares estadounidenses.

También se registraron impactos en Jordania, Kuwait y Bahréin, según funcionarios regionales citados en la información. En las dos semanas más recientes descritas en el material, Irán habría atacado seis barcos de Emiratos Árabes Unidos cuando intentaban atravesar el estrecho de Ormuz.

Estos episodios se incorporan a una estrategia que, según el reporte citado, buscaba elevar el costo militar y energético de una nueva confrontación. La Guardia Revolucionaria habría preparado planes adicionales que incluían ataques preventivos, sabotaje de cables de internet en el Golfo Pérsico, acciones de agitación política en países con comunidades chiitas y posibles operaciones terrestres en Kuwait.

La información también recoge una declaración atribuida al portavoz de la Guardia Revolucionaria, Hossein Mohebbi, quien afirmó en julio que Irán había aprovechado plenamente el periodo de alto el fuego. La frase aparece como uno de los elementos que resumen la forma en que Teherán habría utilizado la tregua desde el punto de vista militar.

Una tregua que terminó con más tensión

El periodo iniciado con el memorando de junio comenzó con la expectativa de reducir los enfrentamientos y crear condiciones para una negociación más amplia. Sin embargo, la información analizada describe una evolución diferente: mientras los contactos diplomáticos intentaban encontrar una fórmula para reabrir Ormuz, la estructura militar iraní reforzaba sus capacidades y ampliaba sus preparativos.

La reorganización de los principales mandos, el incremento de la producción de misiles y drones, los contactos con grupos aliados y las acciones contra embarcaciones aparecen como elementos conectados dentro del periodo descrito. Al mismo tiempo, los ataques y las amenazas sobre Ormuz y Bab el-Mandeb aumentaron la presión sobre dos corredores marítimos relevantes para el transporte de energía y mercancías.

El análisis de la información también permite observar cómo la tregua quedó marcada por una diferencia entre las expectativas de Washington y las decisiones tomadas en Teherán. Para Estados Unidos, el acuerdo debía facilitar una reducción progresiva de la tensión y abrir el camino hacia negociaciones sobre el programa nuclear. Para los sectores iraníes señalados en el reporte, la pausa habría servido para reorganizar fuerzas y prepararse ante una posible ampliación de la guerra.

Así, el periodo de alto el fuego terminó sin resolver los principales puntos de conflicto. La disputa sobre el tránsito por Ormuz, las acciones relacionadas con Bab el-Mandeb, la reorganización militar iraní y la continuidad de las tensiones con Estados Unidos e Israel mantuvieron abierto el escenario descrito. En el centro de esa transformación aparece nuevamente la Guardia Revolucionaria, que durante la tregua habría adquirido un papel decisivo en la preparación militar de Irán.

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