Un Grupo armado en Nigeria volvió a encender las alarmas internacionales luego de que hombres armados asesinaran a más de 45 personas en ataques simultáneos contra tres aldeas del oeste del país africano. La violencia, que incluyó disparos y degollamientos, refleja el deterioro de la seguridad en amplias regiones rurales y expone la fragilidad del control estatal frente a bandas criminales y células extremistas.

Ataques coordinados sacuden comunidades enteras
Los hechos ocurrieron en varias localidades del área de Borgu, en el estado de Níger, al oeste de Nigeria. De acuerdo con una fuente humanitaria, al menos 38 personas fueron asesinadas en la aldea de Konkoso, donde casi todas las viviendas quedaron reducidas a cenizas. Autoridades locales temen que el número real de víctimas aumente conforme avancen las labores de búsqueda entre los escombros.
En ataques adicionales, siete personas murieron en Tungan Makeri y una más en Pissa. Todas las comunidades afectadas se ubican cerca del estado de Kwara, una región que a inicios de febrero ya había sido escenario de otra matanza masiva que dejó más de 160 muertos.
Grupo armado: Entre disparos, degollamientos e incendios
Testigos describieron escenas de extrema brutalidad. Las víctimas fueron ejecutadas con armas de fuego o degolladas, mientras los agresores incendiaban viviendas y saqueaban pertenencias. La policía del estado de Níger confirmó al menos seis fallecidos en Tungan Makeri y reconoció que varias personas fueron secuestradas durante el ataque al amanecer.
Las fuerzas de seguridad desplegaron operativos en la zona, pero los responsables lograron huir. Para muchas familias, la violencia llegó sin previo aviso, obligándolas a escapar con lo puesto y dejando atrás comunidades prácticamente destruidas.
Un país atrapado en una espiral de violencia
Nigeria enfrenta desde hace años una compleja crisis de seguridad marcada por secuestros masivos, ataques armados y acciones de grupos yihadistas. En distintas regiones operan bandas criminales que asaltan aldeas, cobran rescates y controlan rutas estratégicas, mientras células extremistas mantienen presencia activa en zonas rurales.
Esta combinación ha provocado el desplazamiento de miles de personas y ha debilitado aún más las economías locales. Agricultores abandonan sus tierras por miedo, escuelas cierran y los servicios básicos se interrumpen, profundizando la pobreza en áreas ya vulnerables.
Acusaciones internacionales y respuestas militares
La situación ha sido objeto de debate en el escenario global. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha acusado públicamente a grupos armados nigerianos de perseguir a comunidades cristianas, calificando el fenómeno como un “genocidio”. Sin embargo, el gobierno de Abuja y analistas independientes rechazan esa narrativa y aseguran que la violencia afecta por igual a cristianos y musulmanes.
En medio de esta controversia, Washington anunció el despliegue de 200 soldados estadounidenses en territorio nigeriano con el objetivo de entrenar a las fuerzas armadas locales en la lucha contra los grupos yihadistas. La medida busca fortalecer las capacidades operativas del ejército, aunque expertos advierten que el problema va más allá del ámbito militar y requiere soluciones estructurales.
Poblaciones atrapadas entre el miedo y el abandono
Para los habitantes de Borgu y regiones vecinas, la masacre representa otro golpe devastador. Organizaciones humanitarias alertan sobre la falta de atención médica, alimentos y refugio para los sobrevivientes. Además, el trauma psicológico persiste en comunidades que han vivido ataques repetidos sin una presencia estatal sostenida.
Líderes locales reclaman mayor protección y una estrategia integral que combine seguridad, desarrollo y justicia. Sin estas medidas, advierten, las aldeas seguirán siendo blanco fácil de grupos armados que operan con impunidad.
El ataque del grupo armado en Nigeria evidencia una crisis profunda que sigue cobrando vidas y desplazando comunidades enteras. Más allá del horror inmediato, la tragedia subraya la urgencia de respuestas coordinadas que vayan más allá del despliegue militar. Mientras no se atiendan las causas estructurales de la violencia, el país más poblado de África continuará enfrentando un ciclo de inseguridad que amenaza su estabilidad y el futuro de millones de personas.