La ciudad ártica de Kiruna, en el norte de Suecia, fue testigo de un hecho sin precedentes: el traslado de la Kiruna Kyrka, una iglesia luterana de 1912 que comenzó a recorrer 5 kilómetros para evitar ser consumida por la mina de hierro subterránea más grande de Europa.
El templo, construido en madera y con un peso de 672 toneladas, avanza lentamente gracias a un sistema de vigas y remolques especiales. La escena, seguida por más de 10.000 espectadores y el rey Carlos XVI Gustavo, se convirtió en un espectáculo nacional transmitido en vivo por la televisión pública sueca.
La operación más ambiciosa en la historia urbana de Suecia
El traslado de la iglesia forma parte de un plan urbano inédito: la reubicación completa de la ciudad de Kiruna, que enfrenta hundimientos de suelo por la actividad minera de la empresa estatal LKAB.
La operación demandó ocho años de preparación y un presupuesto de 53 millones de dólares, según The Guardian. Incluso recibió una bendición especial antes de iniciar su viaje, subrayando que no se trata de un edificio cualquiera, sino de un símbolo cultural y espiritual.
Patrimonio histórico y cultural en movimiento
La Kiruna Kyrka fue diseñada por el arquitecto Gustaf Wickman con la inspiración de un lávvu sami, las tradicionales cabañas del pueblo indígena. En su interior conserva un retablo pintado por el príncipe Eugen y un órgano con más de 2.000 tubos, todos embalados cuidadosamente para su protección.
El campanario, separado de la estructura principal, será trasladado la próxima semana. Mientras tanto, la comunidad celebra con misas, café comunitario y un concierto de la cantante sueca Carola.
Un futuro en disputa: progreso vs. identidad sami
No todos ven el traslado con entusiasmo. Organizaciones indígenas sami denunciaron que la reubicación de la ciudad afectará gravemente el pastoreo de renos, esencial para su cultura.
La empresa LKAB respondió que la decisión de trasladar la iglesia entera, y no desmontarla, fue tomada para preservar su valor simbólico.
“Es con gran reverencia que emprendimos este desafío. No se trata de un edificio cualquiera, es una iglesia”, explicó Stefan Holmblad Johansson, gerente del proyecto.
Cuando la fe se mueve con la ciudad
Más allá de la logística, el traslado de la iglesia representa un viaje de fe y resiliencia. Como si la ciudad misma hubiera decidido que la tradición y la espiritualidad no deben quedar bajo tierra.
Kiruna no solo mueve edificios: traslada memorias, historias y creencias hacia un nuevo espacio. En este gesto monumental, la fe literalmente viaja sobre ruedas.
