La escalada militar entre Israel e Irán ha provocado una frenética y fracturada respuesta diplomática. Mientras Washington mantiene una peligrosa ambigüedad, Europa pide calma y el eje China-Rusia condena a Israel, dejando a la región sin un mediador claro.
En las horas posteriores al ataque israelí contra el reactor nuclear de Arak y la feroz respuesta iraní, los canales diplomáticos del mundo se han encendido en un intento desesperado por evitar una guerra total en Medio Oriente. Sin embargo, las reacciones, lejos de ser un frente unido por la paz, exponen un panorama geopolítico profundamente dividido, donde los intereses estratégicos y las alianzas históricas complican cualquier esfuerzo de desescalada.
La Ambivalencia de Washington: ¿Disuasión o Luz Verde?
La postura de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump es el factor más crítico y volátil. Públicamente, Trump ha mantenido una calculada ambigüedad. Por un lado, ha insinuado una posible intervención, declarando que «puede que tengas que luchar» para evitar que Irán obtenga armas nucleares. Por otro, ha evitado un compromiso explícito, afirmando que «nadie sabe lo que voy a hacer».
Esta dualidad ha sido interpretada de diversas maneras. Para Israel, podría ser una señal de apoyo tácito que le da libertad de acción. Para Irán, es una amenaza directa que justifica su postura defensiva y sus advertencias de «daño irreparable» si EE.UU. interviene. Mientras tanto, el Departamento de Estado ha comenzado a evacuar a personal no esencial de su embajada en Israel, una medida que subraya la gravedad de la situación.
«No busco pelear. Pero si la elección es entre pelear y que ellos tengan un arma nuclear, tienes que hacer lo que tienes que hacer». – Donald Trump, Presidente de EE.UU..
Europa: La Voz de la Razón Ignorada
Las potencias europeas, lideradas por Francia y Alemania, han adoptado un rol de mediadores urgentes, pidiendo contención y un retorno a la mesa de negociaciones. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido explícito en su llamado a «detener los ataques» israelíes. Diplomáticos europeos han confirmado una reunión con funcionarios iraníes en Ginebra, en un intento por salvar los restos del acuerdo nuclear.
Sin embargo, su influencia parece limitada. Sus llamados a la calma son vistos por algunos como una muestra de debilidad, incapaces de frenar las acciones de Israel o de ofrecer a Irán garantías de seguridad suficientes. La Unión Europea ha facilitado la evacuación de sus ciudadanos, una señal de que se preparan para lo peor.
El Eje Sino-Ruso: Condena y Oportunismo
En el otro extremo del espectro, Rusia y China han cerrado filas en su condena a Israel. El Kremlin ha sido particularmente activo, con el presidente Vladimir Putin ofreciéndose como mediador y advirtiendo a Washington contra una intervención directa. Moscú, un aliado cercano de Teherán, ve el conflicto como una oportunidad para reafirmar su influencia en la región y criticar la política exterior estadounidense.
China ha adoptado una postura similar. El ministro de Exteriores, Wang Yi, ha comunicado a sus homólogos de Omán y Egipto la disposición de Pekín para «restaurar la paz», calificando los ataques israelíes como una «clara violación de la Carta de la ONU».
El Silencio de los Aliados y el Fracaso de la Mediación
Un factor estratégico clave es el notable silencio de los proxies tradicionales de Irán. Hezbollah, debilitado por su guerra anterior con Israel y la pérdida de su ruta de suministro a través de Siria, ha declarado que no iniciará un ataque. Las milicias iraquíes también han mantenido un perfil bajo, limitándose a condenar el uso de su espacio aéreo. Este aislamiento deja a Irán sin su «Eje de la Resistencia», enfrentando a Israel en un conflicto estado-estado para el que podría no estar preparado.
La mediación, que en el pasado ha sido crucial, también ha fracasado. Omán, un intermediario clave, anunció la cancelación de la sexta ronda de conversaciones nucleares tras el inicio de los ataques israelíes. Teherán ha comunicado a través de mediadores del Golfo que no negociará mientras esté bajo ataque, exigiendo un alto el fuego como condición previa.
Con las líneas diplomáticas fracturadas y sin un mediador con la confianza de todas las partes, el riesgo de un error de cálculo que desencadene una guerra total es peligrosamente alto. El tablero geopolítico está en movimiento, y cada decisión, cada declaración, podría ser la que empuje a la región al abismo.
