Una crisis sin precedentes sacude Alemania. La elección de tres nuevos jueces para el Tribunal Constitucional Federal ha sido aplazada por el veto de la CDU. Descubre las claves
Alemania se asoma a una grave crisis institucional después de que la elección de tres nuevos jueces para su Tribunal Constitucional Federal fuera abruptamente aplazada. El motivo: la negativa del principal partido de la oposición, la CDU/CSU, a apoyar a una candidata considerada «demasiado de izquierdas».
El sistema de consensos que ha caracterizado la política alemana de posguerra se ha roto. En un suceso calificado de «Eklat» (escándalo) por la prensa local, la votación para nombrar a tres nuevos magistrados del Tribunal Constitucional Federal (Bundesverfassungsgericht), el más alto tribunal del país, fue retirada de la agenda del Bundestag (Parlamento) en el último minuto.
La decisión, tomada el pasado viernes, ha sumido al país en un debate sobre la politización de la justicia y la salud de sus instituciones. La elección de los candidatos Günter Spinner, Frauke Brosius-Gersdorf y Ann-Katrin Kaufhold requería una mayoría de dos tercios, un mecanismo diseñado para forzar el acuerdo entre gobierno y oposición.
El Veto a una candidata
El detonante de la crisis fue la objeción del bloque conservador CDU/CSU a la candidata propuesta por los socialdemócratas (SPD), la catedrática de derecho Frauke Brosius-Gersdorf. Decenas de diputados conservadores anunciaron que no votarían por ella, al considerarla ideológicamente «demasiado de izquierdas».
Inicialmente, la CDU/CSU justificó su rechazo en supuestas acusaciones de plagio contra la candidata, pero el propio investigador que las originó, Stefan Weber, desmintió haber encontrado pruebas concluyentes. El verdadero motivo del veto parece ser la posición liberal de Brosius-Gersdorf en temas como el derecho al aborto.
Ante la falta de los votos necesarios, el SPD y Los Verdes, socios de la coalición de gobierno, se negaron a proceder con la votación de los otros dos candidatos, insistiendo en un paquete conjunto. «La turba de derechas no debe salirse con la suya con su campaña», declaró el jefe del grupo parlamentario del SPD, Matthias Miersch, defendiendo a su candidata.
Un «escándalo político interno»
La situación ha generado una oleada de reacciones. El canciller Friedrich Merz (CDU) intentó restarle importancia, calificándola de «indramática». Sin embargo, figuras como el exjuez del Constitucional Peter Müller, aunque no ve un daño directo al tribunal, considera «dramático» que el centro político alemán muestre una capacidad de acción tan limitada.
El debate ha escalado hasta tal punto que el arzobispo de Bamberg, Herwig Gössl, llegó a declarar que sería un «escándalo político interno» si Brosius-Gersdorf fuera finalmente elegida.
La elección ha sido pospuesta hasta después del receso de verano, como mínimo hasta septiembre. Mientras tanto, los jueces salientes permanecerán en sus cargos de forma interina. La crisis ha abierto un profundo debate sobre la necesidad de reformar el proceso de elección de los jueces. Algunos, como el exjuez Thomas Fischer, advierten que una mayor politización del proceso podría difuminar la línea entre la esfera política y la constitucional, dañando la imparcialidad del tribunal. Otros, en cambio, abogan por una mayor transparencia para evitar que los pactos se rompan en secreto y a última hora.
Lo que está claro es que Alemania enfrenta un desafío a la estabilidad de uno de los pilares de su democracia, una situación que pone a prueba la madurez de su clase política para alcanzar consensos en un ambiente cada vez más polarizado.
