China apunta a la corrupción en su sector científico

China apunta a la corrupción en su sector científico
China apunta a la corrupción en su sector científico

El máximo órgano anticorrupción de China ha lanzado una nueva ofensiva centrada en el sector científico, una medida que busca alinear la investigación con las prioridades estatales pero que corre el riesgo de sofocar la innovación en un área estratégica para el futuro del país.

En un movimiento de alto riesgo y profundas implicaciones, el Partido Comunista de China ha extendido su implacable campaña anticorrupción al corazón de su estrategia de futuro: el sector de la ciencia y la tecnología. Li Xi, jefe de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria (CCDI), el máximo órgano anticorrupción del país, anunció una nueva investigación a gran escala centrada en el mal uso de los fondos de investigación.

Oficialmente, el propósito de la ofensiva es noble: «ayudar al desarrollo de alta tecnología del país», una prioridad clave dentro de la ambiciosa estrategia «Made in China 2025«. Sin embargo, la medida se debate en una delgada línea entre la necesidad de purgar la corrupción para mejorar la eficiencia y el riesgo de inducir una «parálisis por miedo» que podría sofocar la misma innovación que pretende fomentar.

Un sistema de innovación con fallas

Durante años, Pekín ha inyectado miles de millones de dólares en subsidios para investigación y desarrollo (I+D) con el objetivo de alcanzar la autosuficiencia tecnológica. Sin embargo, este modelo de innovación impulsado por el Estado ha mostrado graves fisuras.

  •  Corrupción en la asignación de fondos: Investigaciones académicas han demostrado que la distribución de subsidios de I+D a nivel local a menudo ha estado más ligada a las conexiones políticas y la corrupción que al mérito innovador de las empresas.
  •  Fraude científico: El ecosistema de investigación chino se ha visto empañado por casos de mala conducta, incluyendo la falsificación de datos, el plagio y la compraventa de autorías en publicaciones científicas. En abril, la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China sancionó a 26 investigadores por este tipo de violaciones.

Esta campaña anticorrupción puede interpretarse como una admisión implícita por parte de los líderes chinos de que el modelo de simplemente inyectar dinero ha alcanzado sus límites. La nueva fase parece indicar que Pekín reconoce la necesidad de construir un ecosistema de investigación basado en la integridad, no solo en la financiación masiva.

El riesgo de la parálisis innovadora

La campaña se enmarca en la cruzada anticorrupción de Xi Jinping, que ha afectado a millones de funcionarios desde 2012. Si bien estas purgas pueden eliminar ineficiencias, también generan un clima de temor. Los burócratas y científicos, temerosos de ser investigados, pueden volverse reacios a tomar decisiones, aprobar proyectos o asumir los riesgos inherentes a la investigación de vanguardia.

La ofensiva en el sector científico es, en última instancia, un intento de Pekín por recentralizar el control sobre su estrategia tecnológica. Busca asegurar que los vastos recursos destinados a «Made in China 2025» se alineen con los objetivos del Estado central, en lugar de desviarse hacia los bolsillos de funcionarios locales o financiar investigaciones fraudulentas. El desafío será lograr esta «limpieza» sin extinguir la chispa de la creatividad y la audacia que toda potencia tecnológica necesita para liderar.

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