La crisis por el desabastecimiento de pollo y combustibles en Bolivia escaló a niveles alarmantes este 11 de junio de 2025. Un viceministro fue agredido en La Paz por una turba enfurecida por la falta de pollo, mientras que en Llallagua se reportaron saqueos y más de 30 heridos en medio de protestas.
Bolivia atraviesa horas de extrema tensión social y económica. La aguda escasez de productos básicos como el pollo y el diésel ha desatado una ola de malestar popular que se manifestó este martes con violencia en varias regiones del país, evidenciando una crisis de gobernabilidad que parece profundizarse.
El incidente más emblemático de la jornada ocurrió en la populosa zona de la Garita de Lima, en La Paz. El viceministro de Defensa del Consumidor, Grover Lacoa, fue increpado, agredido físicamente y obligado a huir por una multitud enfurecida ante la falta de carne de pollo en los mercados y el alza de precios. El funcionario intentaba explicar que el gobierno gestionaba la llegada de pollo por puente aéreo, que se vendería a un precio regulado de 23 bolivianos el kilo, pero sus palabras no lograron calmar los ánimos.
Saqueos en Llallagua y bloqueos persistentes
La situación fue aún más grave en la localidad minera de Llallagua, en el departamento de Potosí. Allí, las protestas por los bloqueos de carreteras y la escasez derivaron en violentos disturbios que dejaron un saldo de más de 30 personas heridas. Se reportaron saqueos a comercios e incluso a instalaciones de la Policía. Paradójicamente, mientras la violencia se desataba, las autoridades no informaron de arrestos por estos hechos, aunque sí se conoció que vecinos retuvieron a tres personas acusadas de participar en los bloqueos.
Los bloqueos de carreteras, una forma de protesta recurrente en Bolivia, persisten en varias regiones y son señalados por el propio gobierno como una de las causas principales del desabastecimiento. El Ejecutivo ha advertido que, de continuar esta situación, en aproximadamente 40 días podría haber un desabastecimiento total de pollo a nivel nacional. En Cochabamba, varias granjas avícolas ya han tenido que cerrar debido a la imposibilidad de recibir insumos o transportar sus productos. Para intentar controlar la situación, el gobierno ha desplegado efectivos de la Policía y las Fuerzas Armadas con el objetivo de desbloquear las vías.
Crisis energética y económica subyacente
La escasez de pollo y diésel no es un problema aislado, sino el síntoma de una crisis económica y energética más profunda que afecta a Bolivia desde hace meses. El país enfrenta una severa escasez de dólares desde mediados de 2022 , lo que dificulta la importación de combustibles y otros bienes esenciales.
La producción nacional de gas y petróleo ha disminuido drásticamente, convirtiendo a Bolivia, otrora exportador de energía, en un país dependiente de las importaciones energéticas. Esta dependencia se vuelve crítica en un contexto de falta de divisas. La Sociedad de Ingenieros de Bolivia (SIB) ha lanzado una advertencia aún más alarmante: el país podría quedarse sin gas en apenas cinco años, enfrentando una «triple crisis energética». Mientras tanto, la estatal YPFB anunció el inicio de producción sostenida de gas en el Campo Churumas, una noticia que contrasta con el pesimismo generalizado.
Este complejo panorama está generando un círculo vicioso: los bloqueos, motivados por la escasez y el alza de precios, agravan el desabastecimiento, lo que a su vez alimenta mayor malestar social y la posibilidad de nuevas protestas. La población más vulnerable es la principal afectada por esta espiral.
La agresión a una alta autoridad del Estado y los saqueos son señales preocupantes de hasta qué punto la crisis está erosionando la cohesión social y la autoridad gubernamental. Bolivia se encuentra en una encrucijada, enfrentando el fin de una era de bonanza gasífera y la urgente necesidad de encontrar soluciones a una crisis multifactorial que amenaza con desbordarse.
