El Banco Central Europeo (BCE) ha implementado una significativa reducción de 25 puntos básicos en sus tasas de interés, situándolas en el 2%, una medida anticipada que busca estimular la estancada economía de la Eurozona en un contexto de inflación controlada.
La decisión del Banco Central Europeo de recortar las tasas de interés sobre los depósitos bancarios en 25 puntos básicos, llevándolas al 2%, marca la octava reducción en el ciclo de flexibilización monetaria actual. Esta medida, ampliamente esperada por los mercados y analistas, se fundamenta en la contención de la inflación dentro de la Eurozona. Los datos preliminares de mayo revelaron una tasa de inflación anual del 1,9%, una disminución respecto al 2,2% registrado en abril. La inflación subyacente, que excluye los volátiles precios de la energía y los alimentos, también mostró una desaceleración, pasando del 2,7% en abril al 2,3% en mayo.
Esta acción del BCE se produce en un momento en que la economía de la Eurozona muestra un crecimiento modesto. Durante el primer trimestre, el Producto Interno Bruto (PIB) creció apenas un 0,3% en comparación con el trimestre anterior, y un 1,2% interanual. Las proyecciones del mercado anticipan un crecimiento del 0,9% para la Eurozona en 2025. La moderación de las presiones salariales, con un aumento del 2,4% interanual en los salarios negociados durante el primer trimestre, también ha contribuido a crear un entorno propicio para esta relajación monetaria.
La reducción de tasas no es simplemente una respuesta a la inflación contenida, sino una estrategia deliberada para inyectar liquidez y fomentar la inversión en una economía que aún lucha por recuperar un ritmo robusto. La prolongación de este ciclo de flexibilización monetaria subraya que la Eurozona ha experimentado un rendimiento económico inferior al deseado, requiriendo una intervención sostenida para evitar una desaceleración mayor. El BCE busca un equilibrio delicado: prevenir presiones deflacionarias mientras impulsa la recuperación, lo que pone de manifiesto las vulnerabilidades subyacentes en la recuperación económica post-pandemia y post-crisis energética del continente.
Sin embargo, el camino hacia la recuperación no está exento de desafíos externos. Las políticas arancelarias de Estados Unidos son consideradas un riesgo significativo a la baja para el crecimiento regional en los próximos meses, ya que generan incertidumbre que frena las inversiones corporativas y el consumo privado dentro de la Eurozona. Esto significa que, a pesar de los ajustes internos de política monetaria, la trayectoria económica de la Eurozona sigue siendo considerablemente vulnerable a las dinámicas comerciales y geopolíticas globales. Los esfuerzos del BCE podrían verse limitados por factores que escapan a su control, lo que podría resultar en una recuperación más lenta o volátil de lo deseado.
Internamente, la decisión no ha sido unánime. Algunos miembros del Consejo de Gobierno del BCE, conocidos como «halcones» por su postura a favor de tasas de interés más altas para controlar los precios, han manifestado cautela ante la posibilidad de un resurgimiento de la inflación. Esta divergencia de opiniones introduce un elemento de imprevisibilidad en las perspectivas de política monetaria de la Eurozona. Si estas voces ganan terreno, podrían llevar a un enfoque más conservador en futuras flexibilizaciones, lo que a su vez podría afectar las expectativas del mercado y la planificación de inversiones a largo plazo.
El BCE tiene previsto publicar sus proyecciones macroeconómicas actualizadas sobre inflación y crecimiento el jueves. En marzo, el personal del BCE proyectó un crecimiento del 0,9% en 2025, 1,2% en 2026 y 1,3% en 2027, con una inflación del 2,3% en 2025, 1,9% en 2026 y 2% en 2027. Las nuevas proyecciones podrían indicar un panorama macroeconómico más débil para 2025 y 2026, con la inflación manteniéndose cerca del objetivo del 2% en 2027.
«La inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos, se frenó en mayo hasta el 2,3 %, (2,7 % en abril).»
