Bazuca comercial de la UE: Francia responde a aranceles de Trump

Francia impulsa el uso del instrumento anti-coerción de la UE ante la amenaza de aranceles de EE.UU. por el conflicto en Groenlandia.

Bazuca comercial de la UE: Francia responde a aranceles de Trump
Bazuca comercial de la UE: Francia responde a aranceles de Trump

La bazuca comercial de la UE dejó de ser una figura retórica y pasó a convertirse en una posibilidad real. Francia anunció que solicitará formalmente a la Unión Europea activar su instrumento anti-coerción si Estados Unidos cumple su amenaza de imponer aranceles del 10% a varios países europeos por rechazar los planes de Donald Trump sobre Groenlandia.

La advertencia marca un punto de inflexión en la relación transatlántica. Por primera vez, el bloque europeo considera utilizar un mecanismo diseñado específicamente para responder a presiones económicas con fines políticos, incluso cuando estas provienen de su principal aliado histórico.

Qué es la “bazuca” comercial de la Unión Europea

El llamado Instrumento Anti-Coerción fue aprobado en 2023 como respuesta a un mundo cada vez más marcado por la guerra económica. Su objetivo es claro: proteger a la Unión Europea cuando un país intenta forzar decisiones políticas mediante sanciones, aranceles o restricciones comerciales.

A diferencia de otros mecanismos comunitarios, esta herramienta no requiere unanimidad, sino una mayoría cualificada de los Estados miembros. Esto reduce los tiempos de reacción y evita bloqueos internos. Una vez activado, el proceso completo no debería extenderse más allá de ocho meses.

Entre las medidas posibles se incluyen aranceles de represalia, restricciones al comercio de servicios, limitaciones a la inversión extranjera, barreras a la contratación pública y acciones relacionadas con propiedad intelectual. Por su alcance, se le ha apodado la bazuca comercial de la UE, un recurso extremo pensado para situaciones excepcionales.

El detonante: Groenlandia y los aranceles de Trump

El conflicto se originó tras el anuncio de Donald Trump de imponer aranceles a los países europeos que se oponen a que Estados Unidos tome el control de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca y estratégico en el Ártico.

Trump justificó su postura alegando razones de seguridad nacional frente a la creciente presencia de Rusia y China en la región. Sin embargo, el tono escaló rápidamente cuando países europeos enviaron un pequeño contingente militar para respaldar maniobras danesas en la isla.

Desde Washington, el mensaje fue claro: si no hay acuerdo, los aranceles del 10% entrarían en vigor el 1 de febrero, con posibilidad de aumentar al 25% en junio.

Europa cierra filas ante una amenaza inédita

La reacción europea fue inmediata. Embajadores de la UE se reunieron de urgencia en Bruselas, mientras Emmanuel Macron inició contactos con otros líderes del bloque para coordinar una respuesta conjunta.

Dinamarca, directamente afectada, activó una gira diplomática por Noruega, Suecia y Reino Unido para reforzar la cooperación en materia de seguridad ártica dentro del marco de la OTAN. El mensaje europeo busca ser doble: defensa de la soberanía y rechazo al uso de la coerción económica entre aliados.

Aquí es donde la bazuca comercial de la UE adquiere un peso simbólico adicional. No se trata solo de comercio, sino de establecer un límite político claro.

Meloni, mediación y el papel de la OTAN

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, adoptó un tono más conciliador. Calificó la amenaza arancelaria como un error y se ofreció a facilitar el diálogo entre Washington y Europa. Para Meloni, la OTAN debería asumir un rol central en la gestión de esta crisis, dada la relevancia estratégica de Groenlandia.

Aun así, incluso voces moderadas reconocen que el escenario es inédito: Estados Unidos, pilar de la OTAN, amenaza con sancionar económicamente a aliados para presionar sobre un territorio soberano.

Groenlandia responde: “no está en venta”

Mientras las cancillerías se mueven, la población groenlandesa también ha hablado. Manifestaciones en Nuuk y Copenhague dejaron un mensaje contundente: “Groenlandia no está en venta”.

Una encuesta publicada en enero de 2025 revela que el 85% de los habitantes de la isla se oponen a la anexión por parte de Estados Unidos. Solo un 6% se muestra a favor. El dato refuerza la posición europea de que el conflicto no es solo geopolítico, sino también democrático.

Un precedente peligroso para el comercio global

La posible activación de la bazuca comercial de la UE abre un precedente relevante. Si se utiliza contra Estados Unidos, demostraría que el bloque está dispuesto a defenderse incluso frente a sus aliados tradicionales cuando percibe coerción política.

Más allá del desenlace inmediato, el episodio refleja un cambio estructural en el orden internacional: los aranceles ya no son solo herramientas económicas, sino armas de presión estratégica.

La Unión Europea enfrenta ahora una decisión histórica. Activar su instrumento más poderoso no solo respondería a Trump, sino que redefiniría su papel como actor geopolítico capaz de defender sus intereses con firmeza. El mundo observa, porque lo que ocurra aquí marcará el futuro de las relaciones comerciales y políticas entre las grandes potencias.

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