En Londres, la política británica vivió un nuevo terremoto cuando Angela Rayner, viceprimera ministra del Reino Unido, presentó su renuncia tras confirmarse un error fiscal en la compra de una vivienda en Hove. El caso, que parecía un detalle administrativo, se convirtió en un escándalo mediático y político que obligó a su dimisión.
La noticia sorprendió a muchos. Rayner, que había construido una imagen de política cercana y combativa, era vista como una posible sucesora de Keir Starmer en el liderazgo del Partido Laborista. Sin embargo, la presión mediática y las acusaciones de hipocresía terminaron por inclinar la balanza.
El error fiscal que cambió el rumbo
El informe del asesor independiente Laurie Magnus determinó que Rayner actuó de buena fe, pero reconoció que incumplió el código de conducta ministerial. El error: no haber pagado el impuesto de timbre correspondiente, con un ahorro de 40.000 libras en una propiedad de 800.000.
Aunque Rayner explicó que sus “complejas circunstancias familiares” tras su divorcio y el cuidado de un hijo con discapacidad influyeron en el descuido, la oposición conservadora, encabezada por Kemi Badenoch, no dudó en señalarla como alguien que “eludió impuestos”.
Del ascenso político a la caída inesperada
La historia de Angela Rayner había inspirado a muchos. Pasó de ser madre soltera adolescente a líder sindical, diputada y finalmente viceprimera ministra. Su estilo directo y auténtico le ganó simpatía entre votantes que no conectaban con el tono más legalista de Starmer.
Su capacidad para representar a la clase trabajadora y enfrentarse a los conservadores con dureza era uno de los pilares de la popularidad del laborismo. Sin embargo, la paradoja fue inevitable: quien criticaba con fuerza a los evasores fiscales terminó viéndose atrapada en un caso similar.
El impacto en el Partido Laborista
La renuncia llega en un momento complicado. El gobierno de Starmer ha visto caer su apoyo tras las elecciones de 2024, especialmente por los tropiezos en la reforma del bienestar y la gestión migratoria.
Ahora, la salida de Rayner obliga a una reorganización del gabinete y a elegir un nuevo vicepresidente del partido. La oposición aprovechará este episodio para reforzar el argumento de que el Partido Laborista también incurre en fallos éticos.
¿Qué sigue para Rayner y el Reino Unido?
Aunque deja el cargo de viceprimera ministra y vicepresidenta del partido, Rayner seguirá en el Parlamento desde la banca trasera. Su futuro político dependerá de si logra recuperar la confianza pública.
En paralelo, Starmer busca pasar página rápidamente y retomar la agenda de gobierno. Pero el golpe es fuerte: perder a una de sus figuras más carismáticas abre la puerta a nuevos liderazgos dentro del laborismo.
Una lección de política y credibilidad
El caso Rayner muestra que en la política británica los errores fiscales no son simples descuidos administrativos, sino asuntos que pueden costar carreras políticas. La transparencia y la credibilidad siguen siendo las monedas más valiosas en Downing Street.
