Un alarmante aumento del 91% en la deforestación de la Amazonía en mayo de 2025 contradice el discurso ambientalista del presidente Lula. Descubre las causas.
La Amazonía brasileña registró un devastador aumento del 91% en la deforestación durante mayo de 2025. Esta cifra, la segunda peor en la historia para ese mes, choca frontalmente con el discurso pro-ambiental del presidente Lula da Silva y enciende las alarmas a nivel mundial.
Una contradicción profunda y alarmante recorre Brasil. Mientras el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se presenta en los foros internacionales como un campeón del clima y la biodiversidad, los datos que emergen del corazón de la Amazonía cuentan una historia radicalmente distinta. En mayo de 2025, la deforestación en la selva tropical más grande del mundo se disparó un 91% en comparación con el mismo mes del año anterior, alcanzando una superficie de 960 kilómetros cuadrados devastados.
Este dato, proporcionado por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil, representa el segundo peor registro para un mes de mayo desde que se tienen mediciones y supone un duro golpe para la credibilidad ambiental del gobierno. La principal causa de esta destrucción, según los expertos, es una combinación letal de incendios forestales y la expansión de la frontera agropecuaria.
La «Paradoja verde» de Brasil
El alarmante aumento de la deforestación expone lo que los analistas denominan la «Paradoja Verde» de Brasil. Por un lado, el gobierno de Lula ha asumido compromisos ambiciosos, como erradicar la deforestación ilegal para 2030 y liderar la transición energética global. En discursos recientes, ha defendido la protección de los océanos y ha ofrecido a Brasil como sede de la cumbre climática COP30 en 2025, precisamente en la Amazonía.
Sin embargo, estas declaraciones chocan con políticas internas que parecen ir en la dirección opuesta. Hace apenas unos meses, el gobierno subastó 172 bloques para la exploración y explotación de petróleo, varios de ellos ubicados en zonas sensibles cerca de la desembocadura del río Amazonas. La medida fue duramente criticada por organizaciones ambientalistas.
«Es lamentable y preocupante que se estén adquiriendo bloques en una cuenca que aún no ha recibido licencia ambiental. Esta es una medida irresponsable por parte de la Agencia Nacional de Petróleo y muy arriesgada para las empresas involucradas.» – Nicole Oliveira, directora ejecutiva de la ONG Arayara.
Esta dualidad de políticas —promover la conservación mientras se expanden industrias extractivas— está teniendo consecuencias devastadoras. El gobierno parece atrapado entre la necesidad de generar crecimiento económico y financiar programas sociales a través de la agroindustria y el petróleo, y su promesa de proteger el mayor pulmón del planeta.
Un retroceso con consecuencias globales
La situación es calificada como «extremadamente grave» por expertos. Ana Carolina Crisostomo, especialista en conservación de WWF-Brasil, advirtió que la aprobación de leyes que flexibilizan las licencias ambientales, como el llamado «PL do Desmatamento», va «totalmente en contra de los compromisos firmados nacional e internacionalmente» por Brasil.
Los datos del Inpe muestran que los estados más afectados son Mato Grosso, Pará y Amazonas, pilares de la agroindustria brasileña. El aumento de la deforestación no solo amenaza la biodiversidad única de la región, sino que también libera enormes cantidades de carbono a la atmósfera, acelerando el cambio climático global.
La comunidad internacional, que había celebrado el regreso de Lula al poder como una oportunidad para revertir las políticas anti-ambientales de su predecesor, observa ahora con creciente preocupación. El pico de deforestación de mayo de 2025 pone en duda la capacidad o la voluntad del gobierno brasileño para cumplir sus promesas.
El desafío para Lula es monumental: demostrar que su discurso verde no es solo retórica para la exportación, sino una política real y efectiva en el terreno. Por ahora, el ruido de las motosierras y el crepitar de los incendios en la Amazonía suenan mucho más fuerte que sus palabras en los foros de la ONU.
