Una nueva superpotencia del cobre está naciendo en África y amenaza con destronar a Chile. La República Democrática del Congo, con un masivo respaldo financiero de China, ha superado a Perú y ahora pone en jaque el dominio chileno en el mercado del metal rojo, un recurso estratégico para el futuro verde del planeta.
Durante décadas, el liderazgo de Chile en el mercado mundial del cobre ha sido indiscutible. Sin embargo, una nueva y poderosa fuerza competitiva ha surgido desde el corazón de África, amenazando con reconfigurar el mapa geopolítico de los recursos estratégicos. La República Democrática del Congo (RDC), impulsada por una inyección masiva de capital chino, se ha consolidado por segundo año consecutivo como el segundo mayor productor de cobre del mundo, desplazando a Perú y acortando la distancia con el líder chileno.
Esta competencia no es solo una cuestión de toneladas y precios; es una batalla por el control de un metal indispensable para la transición energética global, desde los vehículos eléctricos hasta las plantas de energía renovable. El ascenso del Congo es una llamada de atención para la economía chilena, cuya prosperidad está intrínsecamente ligada al metal rojo.
El Desafío Congoleño Impulsado por China
El crecimiento de la producción de cobre en la RDC ha sido meteórico. Según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el Congo alcanzó una producción de 3,3 millones de toneladas en 2024, superando ampliamente los 2,6 millones de toneladas de Perú.
El motor detrás de este boom es innegable: China. Empresas chinas han invertido más de 20 mil millones de dólares en megaproyectos mineros en la nación africana, asegurando el control de aproximadamente el 80% de sus minas. Esta no es una simple inversión de mercado; es una jugada estratégica de Pekín para asegurar las cadenas de suministro de los minerales críticos necesarios para su propio dominio en las industrias de vehículos eléctricos y energías limpias.
Este entorno de inversión parece ser más permisivo que en América Latina. Mientras proyectos en Perú como Río Blanco llevan 15 años paralizados por conflictos sociales, empresas como Zijin Mining Group han desarrollado con mayor facilidad sus operaciones en el Congo.
La Posición de Chile: Fuerte pero Amenazada
Chile, por su parte, mantiene una posición sólida, pero enfrenta sus propios desafíos. La Comisión Chilena del Cobre (COCHILCO) proyecta un futuro optimista para el precio del metal, estimando que alcanzará los US$ 4,30 por libra para el año 2026. Esta previsión se basa en una demanda global que, según un informe de Moody’s Ratings, crecerá significativamente en las próximas décadas debido a la transición energética.
Sin embargo, el mismo informe de Moody’s advierte sobre los obstáculos que Chile debe superar. El país debe encontrar un delicado equilibrio entre la necesidad de expandir la producción y el imperativo de reducir las emisiones de carbono asociadas a la minería.
«Chile podría convertirse en un líder clave de la transición energética, dado que posee las mayores reservas de cobre y litio del mundo. Sin embargo, una serie de factores naturales, estructurales y operativos contribuyeron a una disminución de su participación», señala el análisis de Moody’s.
La «licencia social» para operar, que incluye estrictas regulaciones ambientales y el respeto a las comunidades, es un factor crucial en Chile. Paradójicamente, este compromiso con la sostenibilidad podría representar una desventaja competitiva en términos de velocidad y costo frente a regiones donde la extracción rápida es la prioridad.
Una Batalla por el Futuro Energético
La creciente rivalidad entre Chile y la RDC por el cobre es, en esencia, una manifestación de la competencia geopolítica por los recursos del siglo XXI. El control del cobre es fundamental para cualquier nación que aspire a liderar la economía verde.
Mientras Chile se apoya en su experiencia, sus altas reservas y su marco institucional, el Congo avanza con la fuerza del capital y la estrategia geopolítica de China. La capacidad de Chile para innovar, atraer inversiones sostenibles y mantener su eficiencia productiva determinará si puede conservar su corona en esta nueva era de la minería global.
