Inundaciones devastadoras en el corazón industrial de Guangdong y datos económicos débiles crean una tormenta perfecta. Descubre la doble crisis que enfrenta China.
China enfrenta una doble crisis: mientras inundaciones récord en la provincia sureña de Guangdong dejan a miles de evacuados y paralizan la industria, datos económicos recientes revelan un pesimismo generalizado que frena el consumo, poniendo a prueba al gobierno de Pekín.
Una «tormenta perfecta» de desastres naturales y debilidad económica está golpeando a China, creando un doble desafío para el liderazgo en Pekín. Por un lado, lluvias torrenciales han provocado inundaciones catastróficas en el sur del país; por otro, los indicadores económicos más recientes pintan un panorama de estancamiento y desconfianza entre los consumidores.
La Catástrofe en el Corazón Industrial
La provincia de Guangdong, un motor industrial y exportador vital para la economía china, se encuentra bajo el agua. Las inundaciones han forzado la reubicación de cerca de 70,000 personas solo en el distrito de Huaiji, con más de 300,000 residentes afectados en la zona. La situación es tan grave que las autoridades han elevado la respuesta de emergencia al Nivel I, el más alto posible, suspendiendo «la producción, el transporte y las actividades laborales y comerciales» en las áreas más afectadas.
La paralización de esta región no es un problema local. Guangdong es un eslabón crucial en las cadenas de suministro globales, y la interrupción de su actividad industrial y logística agrava directamente la desaceleración económica que ya sufre el país.
Una Economía que no Despega
Paralelamente a la crisis humanitaria, las cifras económicas son preocupantes. El crecimiento del PIB en el segundo trimestre fue de un 4.7%, por debajo de las expectativas del mercado y de los registros de trimestres anteriores. Pero más allá de las cifras macro, el problema reside en la confianza de la población.
«Estamos preocupados por el futuro… las ganas de comprar disminuyen, todo el mundo tiende a controlar más sus gastos y ahorrar más.» – Testimonio de un ciudadano chino recogido por medios internacionales.
Este sentimiento de pesimismo se ha generalizado. Los ciudadanos, preocupados por la estabilidad laboral y el futuro económico, están optando por ahorrar en lugar de gastar, lo que deprime el consumo interno, el motor que Pekín necesita desesperadamente para reactivar su economía.
La retórica oficial, con el primer ministro haciendo hincapié en «la innovación y el impulso a la demanda» , choca con una dura realidad. El gobierno se enfrenta a una convergencia de crisis: una crisis de «demanda» interna, donde la gente no quiere o no puede gastar, y una crisis de «oferta» inducida por el desastre natural, donde las fábricas no pueden producir o transportar sus mercancías. Este círculo vicioso pone a prueba la capacidad de respuesta de Pekín y la eficacia de sus herramientas políticas tradicionales.
