En un México marcado por la violencia del crimen organizado, la narrativa suele centrarse en las figuras de grandes capos y estructuras delictivas. Sin embargo, el periodista Manuel Ureste ofrece una perspectiva distinta en su libro Vivir con el narco: un recorrido por las historias de quienes sufren y enfrentan las consecuencias de esta guerra no oficial.
Con 17 crónicas y un trabajo fotográfico conmovedor, Ureste narra la lucha diaria de comunidades, familias y líderes locales que intentan recuperar su vida cotidiana, robada por la violencia.
“El narco nos arrebata la vida”: las víctimas en el centro de la narrativa
Ureste destaca que el impacto del crimen organizado no solo se mide en las cifras de muertos y desaparecidos, sino también en la pérdida de la vida cotidiana. “Nos arrebata nuestra vida como la entendemos”, comenta el autor, aludiendo a la transformación de las comunidades que deben adaptarse para sobrevivir.
Historias como la de las madres buscadoras, que recorren campos en busca de los restos de sus seres queridos, o la de maestros que huyen de zonas controladas por grupos delictivos, muestran el alcance de esta violencia.
Resiliencia y organización: comunidades que enfrentan al crimen
Una de las historias emblemáticas que recoge el libro es la de Héctor Zepeda Navarrete, conocido como el Comandante Teto, quien lidera una autodefensa en Coahuayana, Michoacán. Iniciada tras el asesinato de su hermano, esta organización ha sido señalada por supuestos vínculos con el crimen, algo que Zepeda niega enfáticamente.
En comunidades indígenas como Arantepacua y Nahuatzén, también en Michoacán, los habitantes han decidido autoorganizarse. Sin propaganda de partidos políticos ni policías locales, estas comunidades expulsaron a las instituciones tradicionales para crear sus propios consejos de gobierno. En Nahuatzén, incluso enfrentan a talamontes patrocinados por el narco armados solo con garrotes y piedras, protegiendo sus bosques frente al abandono de las autoridades.
La violencia y los aprendizajes que deja esta guerra no oficial
En su paso por estados como Tamaulipas, Guerrero, Chihuahua y Michoacán, Ureste recopiló testimonios que no solo exponen la dureza de la violencia, sino también la capacidad de las comunidades para resistir y adaptarse.
Por ejemplo, tras el paso del huracán Otis en Guerrero, los pobladores se organizaron para restablecer un mínimo de seguridad en sus comunidades, ante la inacción de las autoridades.
Aunque el panorama puede parecer desolador, Ureste enfatiza que estas historias también reflejan esperanza y solidaridad: “No todo está perdido. En esta guerra contra el narcotráfico, también hay aprendizajes positivos”.
Un panorama urgente: ¿Qué nos enseña «Vivir con el narco»?
El libro no solo invita a reflexionar sobre la violencia, sino también sobre la capacidad de las comunidades para responder. En un país donde el crimen organizado no solo mata, sino que redefine la vida diaria, la resistencia toma formas diversas: desde la autodefensa armada hasta la lucha por proteger los recursos naturales.
Manuel Ureste logra lo que pocos: poner en el centro a las víctimas y a las comunidades, recordándonos que en medio de la sombra del narco, aún hay espacio para la esperanza y la solidaridad.
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