En este mes de la niñez es relevante poner en el tintero la situación desagradable, por decir lo menos, por la que atraviesan las y los niños, y adolescentes, en torno a la violencia sexual, el cual es un problema de salud pública y de derechos humanos que debería ser prioridad en la agenda en todos los países del mundo.
La Red por los Derechos de la Infancia en México menciona que la violencia sexual infantil se expresa de diferentes formas, como son los tocamientos o penetración en distintas áreas del cuerpo de la o el infante o adolescente, hostigamiento, explotación sexual, difusión de videos íntimos o comentarios e insinuaciones sexuales, entre otros abusos.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en la etapa de la adolescencia entre los 14 y 17 años es cuando se presenta la mayoría de violencias sexuales, y en la etapa de la niñez son más constantes las repeticiones de éstas, lo que alerta que esta población es profundamente vulnerable.
Independiente de la forma o la frecuencia en cómo se dé la violencia a hacia la niñez y adolescencia es incuestionable que se ejerce un poder intencional por parte de los adultos sobre ellas y ellos, aprovechando su vulnerabilidad, causándoles serias consecuencias que dañan su desarrollo psicosexual y social. Se ha documentado que el malestar emocional es una de las principales reacciones que presentan las víctimas, entre los síntomas están los trastornos de ansiedad y de estado de ánimo como la tristeza o depresión; también se han registrado lesiones físicas en genitales, ano, boca, cara e infecciones de transmisión sexual; además, sin ser menos, están la presencia de embarazos a temprana edad que afecta profundamente en la vida de las niñas y adolescentes.
Retomando datos de la UNICEF, África Subsahariana es el lugar del mundo con mayor número de víctimas, con 79 millones de niñas y mujeres afectadas (22%), mientras que en América Latina y el Caribe hay 45 millones (18%). En México es complicado rastrear las cifras reales específicas sobre violencia sexual infantil, por lo que muchas expertas y expertos, sobre todo de Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s), retoman la información dada por la Secretaría de Salud en relación con los casos que acuden a hospitales públicos por lesiones como resultado de una violencia sexual.
Retomando la misma fuente, en el año 2024, los datos agrupados en tres rangos de edad son los siguientes: de 1 a 5 años reportaron 733 casos, de 6 a 11 años 1,469 y de 12 a 17 años 8,411. Estos datos nos dejan ver que más de 10,000 víctimas fueron a tendidas por violencia sexual; siendo el 92.8% de las víctimas mujeres de 1 a 17 años.
Reportan que los espacios en los cuales se presenta la violencia sexual se da sobre todo en espacios cerrados, el 75% de los casos se registran en la vivienda y el 4.9% en la vía pública. Para el caso de la adolescente, la principal víctima fue la pareja, con 31.3%; los familiares de las víctimas, entre ellos los padres y padrastros, hermanos, tíos, primos y abuelos fue el grupo mayormente agresor de niñas y adolescentes con un 25.8%, seguido de conocidos sin parentesco con la víctima, 19.7%.
Es importante mencionar que esas cifras no representan el total de las niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual en nuestro país. Son solamente las registradas porque acudieron a la atención médica.
Retomando a las y los expertos en la materia, del Programa Alumbra México, del Early Institute, a nivel nacional no existe una encuesta específicamente sobre el tema de violencia sexual infantil que permita dimensionar esta problemática. Esta carencia nacional limita la magnitud de la cantidad de infantes y adolescentes que están viviendo violencia en su cotidianeidad. Y al no contar con una encuesta nacional que retome concreta y solamente lo referente a la violencia sexual hacia la niñez y adolescencia, nos lleva a una ausencia de indicadores específicos que dimensionen la situación de todas las víctimas de violencia en tiempo real, esto es, que nos permita conocer el panorama de la diversidad y frecuencia de violencias, los lugares donde ocurren, las y los agresores, entre otros.
Por otro lado, la escucha de las y los afectados es parte medular para erradicar la violencia sexual infantil; por ejemplo, si nos acercamos a los resultados de la Consulta Infantil y Juvenil 2021, realizada por el Instituto Nacional Electoral (INE), las y los niños entre 10 y 13 años mencionan que la violencia sexual es una de las cuatro principales problemáticas que les preocupan. En el caso de las y los adolescentes de entre 14 y 17 años, estos ubican la violencia sexual como la segunda preocupación.
Como se puede ver, a la niñez y la adolescencia no les es ajeno el tema la violencia sexual, ya sea porque la han vivido o lo están viviendo, o porque la observan o escuchan de sus pares.
Lo anterior da la pauta para trabajar abierta y directamente con ellas y ellos el tema de la violencia sexual en los diferentes espacios sociales, principalmente en la familia y en las escuelas, lugares donde habitualmente conviven, y en el mejor de los casos comparten sus preocupaciones. Tener acercamiento de las y los principales afectados permite que conozcamos sus miedos, desconfianzas e inseguridades, así como necesidades de auxilio, lo que daría para construir estrategias preventivas hacia la presencia de la violencia sexual.
Igualmente, el Estado tiene una gran responsabilidad, ya que la violencia sexual hacia una niña o un niño o adolescente quebranta en sus derechos humanos. Tal vez se podría comenzar en comprometerse en la creación de una encuesta nacional única sobre violencia sexual en la niñez y la adolescencia.
FB: @mayra.chavezcourtois
