El impacto ambiental del Tren Maya llegará a los tribunales. Expertos advierten que, sin un plan de acción urgente, la región podría perder 2 millones de hectáreas de selva para 2050, un área 14 veces el tamaño de la Ciudad de México. Esto es lo que está en juego.
El Tren Maya, uno de los proyectos de infraestructura más emblemáticos de la administración actual, enfrenta un momento crítico. Después de años de construcción y controversia, sus impactos ambientales, sociales y culturales serán analizados a fondo en una audiencia constitucional, mientras la propia Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha reconocido la existencia de daños y la necesidad de un plan de restauración integral.
Las proyecciones de los expertos son alarmantes: de no implementarse acciones correctivas, las consecuencias de la obra podrían extenderse hasta el año 2050, con una degradación ambiental masiva en la Península de Yucatán.
La Selva en Peligro: Pérdida de Ecosistemas y Fragmentación del Hábitat
El principal foco de preocupación es la pérdida de cobertura forestal. Un análisis pericial realizado por investigadores como Luis Zambrano, del Instituto de Biología de la UNAM, proyecta un escenario devastador: para el año 2050, la zona de influencia del Tren Maya podría perder 2 millones de hectáreas de selva, un territorio equivalente a 14 veces la superficie de la Ciudad de México.
Este daño no se limita a la tala de árboles. El problema fundamental, según los expertos, es la fragmentación del hábitat. Cuando un megaproyecto como el tren corta un ecosistema en dos, interrumpe procesos ecológicos vitales :
* Afecta a la fauna: Se bloquean los corredores naturales que utilizan especies como el jaguar para moverse, cazar y reproducirse. Se estima que el tren pasará por zonas donde habitan 170 especies de fauna en riesgo.
* Degrada el ecosistema: Un ecosistema fragmentado es menos resiliente y más vulnerable. Se alteran los ciclos del agua y los nutrientes, lo que puede llevar a la desaparición de especies vegetales y animales de ciertas áreas.
«El problema fundamental del Tren Maya: se cree que mejora la calidad de vida de las personas, a partir de infraestructura, cuando no se está mirando la dinámica de la naturaleza, que nos está pasando factura.» – Luis Zambrano, investigador del Instituto de Biología de la UNAM.
Más Allá del Tren: Urbanización y Presión sobre los Recursos
El impacto del Tren Maya no se limita a su trazado ferroviario. Las estaciones y los polos de desarrollo asociados son la «punta de lanza» de un proceso de urbanización mucho mayor que amenaza con transformar irreversiblemente la península.
Las proyecciones para 2050 indican que, impulsada por el tren, la cobertura urbana en la región crecerá un 24%, añadiendo más de 72,000 hectáreas de desarrollo. Este crecimiento descontrolado generará una presión sin precedentes sobre recursos ya de por sí frágiles:
* Agua: Aumentará la demanda sobre el acuífero de la península, uno de los más grandes y delicados del mundo, ya amenazado por la contaminación.
* Recursos naturales: La expansión de las fronteras agropecuarias y urbanas para satisfacer las nuevas necesidades de alimentos y vivienda acelerará la deforestación y la degradación del suelo.
Este modelo de desarrollo, advierten los críticos, puede llevar a un ciclo de gentrificación y degradación ambiental, donde los beneficios económicos no se distribuyen equitativamente, mientras que los costos ambientales los paga toda la sociedad.
La Necesidad de un Plan de Restauración Integral
Ante la evidencia de los daños, la propia Semarnat ha reconocido públicamente la necesidad de implementar un «plan de restauración integral» en la zona. La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, ha señalado que este plan debe incluir una reforestación masiva, en la que las propias comunidades locales podrían jugar un papel clave para restaurar el ecosistema forestal.
La batalla legal, encabezada por organizaciones como Territorios Diversos para la Vida (TERRA), busca precisamente que se analice a fondo la complejidad de estos impactos y se ordene un plan de restauración que vaya más allá de simples medidas de mitigación.
El futuro de la Península de Yucatán está en un punto de inflexión. La discusión ya no es si el Tren Maya tiene o no un impacto ambiental, sino cuán profundo será este impacto y qué medidas se tomarán para restaurar uno de los patrimonios naturales más importantes de México y del mundo.
