
El retorno del retablo perdido: una historia de fe, arte y justicia
En el corazón de Teotihuacán, el sonido de los cohetes y los cantos religiosos se mezclaron con el repique de las campanas. Los pobladores de San Francisco Mazapa esperaban ansiosos el regreso de una pieza que, durante más de dos décadas, permaneció lejos de su hogar: el retablo del siglo XVIII con la imagen de San Francisco de Asís.
Robado hace 24 años del templo de la comunidad, el óleo volvió finalmente a su lugar de origen. Su retorno no solo devolvió una obra de arte, sino también una parte de la memoria colectiva que define la identidad espiritual y cultural del pueblo.
Una obra robada que el tiempo no logró borrar
En 1999, el robo del retablo sacudió a los habitantes de San Francisco Mazapa. Era más que una pintura: representaba siglos de historia, fe y devoción. Durante años, el paradero de la obra fue un misterio. Muchos la dieron por perdida.
Fue hasta 2017 cuando Morton Casa de Subastas identificó la pieza dentro de un lote destinado a la venta. Un registro en el Art Loss Register, la base de datos internacional más importante de arte robado, confirmó que se trataba del mismo óleo sustraído del templo teotihuacano. Gracias a ese hallazgo, la venta fue detenida y comenzó el largo proceso de recuperación y devolución.
El reencuentro con la historia y la identidad
La ceremonia de bienvenida fue un acto de profunda emoción. Entre música, flores, rezos y danzas tradicionales, los pobladores recibieron al retablo con lágrimas y aplausos. El obispo Guillermo Francisco Escobar Galicia, de la diócesis de Teotihuacán, encabezó la misa y destacó el valor espiritual del regreso.
“Recuperar una obra de arte significa reencontrarse con aquello que da identidad a una comunidad. Después de 24 años, esta imagen retorna a casa”, expresó el obispo ante un atrio lleno de fieles.
El regreso del óleo de San Francisco de Asís no solo fue un evento religioso, sino también un acto de justicia cultural. Cada pincelada del cuadro parece volver a contar la historia de una fe que resistió el paso del tiempo y la pérdida.
La importancia de la cooperación internacional en la recuperación de arte
Eduardo José López Morton, representante de la casa subastadora, explicó que el protocolo de verificación permitió frenar la venta antes de concretarse. “Corremos todas las piezas por el sistema del Art Loss Register. Cuando aparece una ficha coincidente, se detiene el proceso y se notifica a las autoridades”, detalló.
El procedimiento fue un ejemplo de cómo la colaboración entre instituciones privadas, religiosas y civiles puede devolver al pueblo lo que le pertenece. “Si esta obra hubiera aparecido en otro país, como Rusia, también habría regresado, porque ese registro tiene alcance global”, agregó López Morton.
La fe que une a una comunidad
En el atrio del templo, las familias de San Francisco Mazapa volvieron a mirar la imagen que durante generaciones los acompañó en cada celebración y procesión. Los ancianos recordaron cómo el retablo presidía las fiestas patronales antes del robo, y los niños escucharon por primera vez la historia de su desaparición y milagroso regreso.
“Más allá de una obra de arte, tiene un símbolo religioso. Refuerza la fe en nuestra comunidad”, señaló el obispo Escobar Galicia, al finalizar la ceremonia. Para los pobladores, el retablo no es solo una pintura antigua: es el corazón espiritual de su templo, un vínculo entre el pasado y el presente.
El arte sacro como patrimonio vivo de México
La recuperación del retablo de San Francisco Mazapa pone de relieve la importancia de proteger el arte sacro en México, un patrimonio que muchas veces permanece en comunidades pequeñas y es vulnerable al robo y tráfico ilegal. Cada pieza resguardada o devuelta representa una victoria contra el olvido y la impunidad.
El caso también subraya la relevancia del Art Loss Register, herramienta que permite rastrear obras robadas a nivel mundial. Gracias a su uso, cientos de piezas han sido restituidas a museos, templos y colecciones legítimas.
Un cierre simbólico para una herida abierta
El regreso del retablo marca el cierre de una herida de 24 años. Su historia demuestra que la memoria cultural puede resistir el tiempo, la distancia y la pérdida. En San Francisco Mazapa, la pintura volvió a su altar, donde la luz del templo la envuelve una vez más, como si nunca se hubiera ido.
La comunidad celebra no solo el regreso de una obra, sino el renacer de su identidad, de su fe y de su esperanza en que la justicia, aunque tarde, llega.