Alejandro González tenía 20 años y un talento innato para el arte. Su vida quedó marcada por un último acto de generosidad: intentar salvar a su amiga del mar Caribe en Cancún. En medio de unas vacaciones con amigos de la preparatoria, Alejandro desapareció tras lanzarse a rescatarla. Ella sobrevivió. Él no.
La noticia de su muerte ha conmovido a dos países. A unos días de su desaparición, su madre, Renee González, confirmó en redes sociales que el cuerpo de Alejandro fue encontrado. En medio del dolor, un nuevo reto apareció: reunir los recursos para traerlo de vuelta a casa.
“Matt y yo vamos a poder llevar a nuestro bebé a casa”, escribió Renee, en un mensaje cargado de amor y gratitud. “Vamos a seguir aceptando donaciones; aunque parece que no iremos a México, vamos a necesitar ayuda con los gastos para traerlo a casa y con todos los costos que conlleva una situación como esta”.
La campaña de recaudación en GoFundMe se mantiene activa y ha sido compartida por cientos de personas que, conmovidas por la historia de Alejandro, buscan ayudar a su familia en uno de los momentos más duros de su vida. Amigos, conocidos y extraños han dejado mensajes en su honor. En todos, se repite una palabra: héroe.
¿Quién era Alejandro González?
Alejandro no solo era un artista talentoso, también era un joven con una enorme sensibilidad. Amaba los gatos —uno lo llevaba tatuado en el antebrazo— y trabajaba como barista mientras estudiaba diseño en el College for Creative Studiesen Detroit. Sus compañeros de clase lo describen como alguien generoso, siempre dispuesto a escuchar, siempre con una sonrisa.
“Es un artista, ha estudiado arte desde muy pequeño”, dijo su madre. Y esa pasión lo definía. En cada trazo, en cada idea, Alejandro buscaba dejar algo de belleza en el mundo.
Tragedia en Cancún enluta a familia
El domingo en el que desapareció, una amiga fue arrastrada por una ola. Alejandro no dudó. Se lanzó al mar y logró que ella regresara con vida. Él, sin embargo, no logró salir. “Ella pudo ser rescatada gracias a su esfuerzo, y él, lamentablemente, no”, relató su madre.
El mar se lo llevó, pero su gesto quedó grabado para siempre. Hoy, su familia pide ayuda para que ese cuerpo valiente pueda volver a Michigan. Para que puedan despedirse. Para que el joven que dio su vida por otro, pueda descansar en casa.
Desde la tarde en que entró al agua, la última imagen que Renee guarda de su hijo es su sonrisa. Una sonrisa amplia, feliz, en un lugar nuevo, con amigos. “Reconforta saber que fue feliz”, escribió. Porque Alejandro no solo salvó una vida. También vivió la suya con amor, arte y valentía.
