El pasado 23 de abril, el caso de Alejandro Cortez, un joven de 20 años originario de Michigan, conmocionó a Cancún y a muchos más allá de sus playas. Alejandro murió ahogado en la playa Chac Mool tras un acto de heroísmo: salvar a su amiga de ser arrastrada por la corriente. Días después de una intensa búsqueda, sus restos fueron encontrados en el mar, severamente afectados por la fauna marina. Pero mientras su familia enfrenta un duelo inconsolable, una parte de la sociedad ha exhibido su rostro más cruel.
En redes sociales, particularmente en X (antes Twitter), comenzaron a circular memes y comentarios burlándose de la condición en la que se encontraron los restos de Alejandro. Uno de los ejemplos más insensibles fue publicado por el usuario INQUIBB, quien comparó al joven fallecido con un gato esquelético en una caricatura grotesca. Otros, como si la tragedia no fuera suficiente, compartieron imágenes de platos con restos de pescado, haciendo referencias ofensivas a la apariencia del cuerpo.
Las expresiones de falta de respeto no se detuvieron ahí. La usuaria @salsasolt publicó: «Hasta los peces en Cancún son unos sicarios», trivializando la gravedad del suceso con humor negro. Por su parte, @wholieta__ escribió: «Lo del turista de Cancún es un día normal de cualquier animal en tu plato, no me digas que te impactó, jajaja», equiparando con sarcasmo la tragedia humana con un acto cotidiano de consumo. Mientras tanto, el usuario @mono_malo_feo compartió una imagen alusiva a la película Poltergeist, donde una actriz nada entre esqueletos, acompañándola de la frase: «POV: Encuentras turistas en Cancún».
Además de la burla, algunos usuarios han aprovechado el interés morboso para propagar publicaciones falsas, afirmando tener «videos íntimos» de Alejandro, acompañados de enlaces peligrosos que ponen en riesgo la seguridad de quienes los abran. Un fenómeno que demuestra que incluso en medio de la muerte, hay quienes buscan lucrar o ganar notoriedad a costa del dolor ajeno.
Lejos de la empatía que la tragedia debería despertar, lo que ha surgido es una ola de contenidos que trivializan la muerte y el sufrimiento. No solo se falta al respeto a la víctima y su familia, sino que se exhibe una deshumanización impulsada por la búsqueda de likes, retuits y notoriedad instantánea.
El fenómeno no es nuevo, pero para la mayoría de los usuarios en redes resulta indignante en este contexto. Alejandro Cortez no fue un personaje de ficción ni una noticia pasajera: fue un ser humano cuya última acción fue un acto de amor y sacrificio.
Mientras la familia de Alejandro Cortez lucha por encontrar paz tras su pérdida y repatriar sus restos a Michigan, la respuesta de las redes se ha cargado de una falta de respeto, solidaridad y memoria.
