El anuncio de la Secretaría de Cultura sobre un aumento en su presupuesto para 2025 ha generado una mezcla de optimismo y dudas. Aunque la asignación alcanza los 15 mil millones de pesos, lo que representa una recuperación significativa respecto a los recortes iniciales, el origen de estos recursos —provenientes de organismos autónomos desaparecidos— ha encendido alarmas.
Por otro lado, la recién creada Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación enfrenta un panorama complicado, con enormes desafíos por resolver. Este contexto abre la puerta a preguntas cruciales: ¿serán estos presupuestos suficientes para atender las necesidades del sector? ¿Se priorizarán las tareas sustantivas sobre proyectos cuestionables?
El presupuesto de cultura: un respiro, pero no sin condiciones
La Secretaría de Cultura, liderada por Claudia Curiel de Icaza, confirmó que los recursos adicionales se destinarán al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y a la mejora de las Escuelas de Educación Artística y Cultural. Este anuncio parece marcar un giro en comparación con la administración anterior, que fue criticada por su desdén hacia el sector cultural.
Sin embargo, el destino real de estos fondos genera escepticismo. ¿Serán utilizados para revitalizar estas instituciones o terminarán subsidiando proyectos como la adquisición de terrenos para el Tren Maya? La historia reciente del manejo presupuestal en este sector deja mucho que desear, y la falta de diagnósticos independientes y evaluaciones confiables podría perpetuar problemas de opacidad.
Industria cultural: ¿un sector olvidado?
Un aspecto crucial que sigue sin abordarse es el desarrollo de las industrias culturales. Este sector, compuesto por miles de trabajadores creativos, enfrenta desafíos económicos significativos. Mientras que el discurso oficial promete un «segundo piso» para la Cuarta Transformación, falta claridad sobre cómo estas promesas se traducirán en apoyo tangible para el sector.
Por ejemplo, impulsar iniciativas de financiamiento para artistas independientes, promover festivales culturales y fortalecer la infraestructura tecnológica de las industrias culturales podría generar empleos y contribuir al desarrollo social y económico del país.
La desaparición de organismos autónomos: un costo alto para la transparencia
El aumento en el presupuesto cultural ha sido posible gracias a los recursos provenientes de organismos autónomos como el INE, Coneval y Mejoredu. Sin embargo, esta medida plantea serias preocupaciones.
La desaparición de estos organismos amenaza la transparencia en áreas críticas como la evaluación de programas culturales y la educación artística. Sin evaluaciones independientes, será difícil medir el impacto social de las iniciativas culturales y garantizar que los recursos se utilicen de manera efectiva.
Ciencia y tecnología: un sector en crisis
Mientras tanto, la recién creada Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación enfrenta retos monumentales. La comunidad científica, que esperaba un nuevo enfoque en la administración actual, se siente desilusionada por la falta de inversión y planificación estratégica.
El presupuesto 2025 debe priorizar la investigación científica y el desarrollo tecnológico para garantizar que México no quede rezagado en un contexto global altamente competitivo. Además, es imperativo mejorar la infraestructura para laboratorios, fomentar la colaboración internacional y crear incentivos para la innovación en sectores clave.
¿Qué sigue para cultura y ciencia en el 2025?
El panorama para 2025 es mixto. Por un lado, el aumento en el presupuesto cultural y la creación de una secretaría dedicada a la ciencia muestran buenas intenciones. Por otro, los retos de transparencia, planificación y ejecución amenazan con descarrilar los avances esperados.
Las claves para el éxito incluyen:
- Priorizar las tareas sustantivas: Asegurar que el presupuesto cultural se destine a revitalizar las instituciones y no a proyectos cuestionables.
- Impulsar la transparencia: Establecer mecanismos independientes para evaluar el impacto de los programas culturales y educativos.
- Fortalecer la ciencia y tecnología: Garantizar recursos para la investigación y fomentar la colaboración internacional.
- Apoyar las industrias culturales: Crear incentivos fiscales y programas de financiamiento para artistas y creadores.
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