El escudo de la Ciudad de México: 500 años de historia en debate
La propuesta de Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, de crear un nuevo escudo para la capital ha desatado un intenso debate. Según Brugada, el actual emblema “sólo representa la época virreinal” y no hace justicia a la grandeza de México-Tenochtitlan.
El escudo actual, otorgado en 1523 por Carlos V, es un símbolo cargado de historia que ha acompañado a la ciudad desde su fundación colonial. Pero, ¿es hora de cambiarlo o de rescatar elementos que lo vinculen con sus raíces prehispánicas?
La jefa de Gobierno de la CDMX declaró el 2025 como el año de la conmemoración de los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlan y convocó a los capitalinos a crear un nuevo escudo de la ciudad que represente la grandeza de la etapa prehispánica.@ElOpinadorTV pic.twitter.com/FVnPqgzRRt
— Imagen Noticias (@ImagenNoticias_) January 1, 2025
El origen del escudo: un símbolo del pasado virreinal
El escudo fue concedido por el rey Carlos V a petición de Hernán Cortés en 1523, dos años después de la caída de Tenochtitlan. Representa un castillo sobre un lago, rodeado por tres puentes incompletos, una referencia a la situación lacustre y la supuesta inexpugnabilidad de la ciudad.
Originalmente, el escudo no incluía un águila sobre un nopal. Sin embargo, el Ayuntamiento de la Nueva España decidió añadir este símbolo mexica, uno de los emblemas más connotados del México prehispánico.
En 1642, el virrey Juan de Palafox y Mendoza, impulsado por el fanatismo religioso, ordenó retirar el águila, el nopal y la serpiente, argumentando que eran “sombras demoníacas” que debían desaparecer para fortalecer la fe cristiana.
El escudo en la independencia y la revolución
Durante el virreinato, el escudo permaneció como símbolo oficial de la ciudad. Sin embargo, en el siglo XIX, cayó en el olvido, hasta que la Revolución Mexicana lo rescató. Francisco I. Madero y, más tarde, Álvaro Obregón, lo reincorporaron como un emblema oficial.
Hoy, el escudo es visible en el antiguo Palacio del Ayuntamiento, grabado en un tablero de azulejos, pero pocos ciudadanos conocen su significado o su historia.
La propuesta de Brugada: ¿una oportunidad o una pérdida?
Clara Brugada argumenta que el escudo actual no representa la totalidad de la historia de la Ciudad de México, en particular su grandeza como capital del imperio mexica. Su propuesta busca crear un símbolo que celebre esta herencia prehispánica.
No obstante, esta decisión ha generado críticas:
- Patrimonio en riesgo: Algunos señalan que eliminar el escudo actual sería una pérdida para el patrimonio histórico de la ciudad.
- Simbolismo olvidado: Otros argumentan que, en lugar de desecharlo, debería devolvérsele el águila mexica que Palafox eliminó en el siglo XVII.
- Tendencia revisionista: Las recientes decisiones de remover estatuas y cambiar nombres históricos, como el caso de la calle Puente de Alvarado, han generado preocupaciones sobre la eliminación de elementos clave de la historia colonial.
¿Qué representa realmente el escudo actual?
El escudo de armas refleja una etapa crucial en la transformación de Tenochtitlan en la Ciudad de México. Su diseño simboliza:
- La situación lacustre: El castillo sobre el lago recuerda el paisaje original de la ciudad.
- La integración cultural: La orla de nopales alude a los señoríos nativos.
- La conexión con el pasado virreinal: Un vínculo con los inicios de la época colonial.
Para algunos, estos elementos son esenciales para narrar la evolución de la ciudad desde Tenochtitlan hasta la metrópoli moderna.
¿Cambiar o complementar el escudo?
En lugar de sustituirlo, expertos sugieren que el escudo actual podría enriquecerse devolviendo el águila mexica que lo coronó durante más de un siglo. Este gesto reconciliaría las raíces prehispánicas y la historia virreinal, honrando ambos capítulos de la identidad capitalina.
Identidad en construcción
La propuesta de cambiar el escudo de la Ciudad de México plantea una reflexión profunda sobre cómo entendemos nuestra historia y definimos nuestra identidad.
¿Es necesario borrar símbolos para dar paso a otros, o es posible integrarlos en una narrativa que abarque la riqueza y complejidad de nuestra herencia? La decisión final marcará el rumbo de cómo la capital quiere representarse ante el mundo y a sí misma.
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