Desde que Omar García Harfuch asumió la responsabilidad de pacificar al país, la estrategia ha sido clara: reducir delitos mediante la detención de criminales. Para ello, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha reforzado la presencia de las Fuerzas Armadas en los estados más violentos, entre ellos Sinaloa, donde la guerra interna entre Los Chapitos y La Mayiza ha dejado un rastro de muerte.
Sin embargo, expertos en seguridad advierten que este movimiento también conlleva riesgos. David Saucedo, analista en seguridad, señala que el narco ha demostrado su capacidad para corromper instituciones, y la historia sugiere que el contacto directo entre militares y el crimen organizado puede terminar fortaleciendo a los cárteles en lugar de debilitarlos.
El poder corruptor del narco sobre las instituciones
La infiltración del narcotráfico en instituciones no es un fenómeno nuevo. En los años noventa, el Cártel del Golfo logró que una unidad de élite del Ejército mexicano desertara para formar Los Zetas, quienes se convirtieron en un brazo armado extremadamente violento y letal.
Hoy, aunque la estructura de reclutamiento ha cambiado, la amenaza sigue latente. Militares, exagentes de inteligencia y elementos de la Policía Federal han sido seducidos por los altos salarios que el narcotráfico puede ofrecer.
Las denuncias de corrupción no son infrecuentes. En Tabasco, el comandante de la 30 Zona Militar fue señalado en narcomantas de recibir hasta 10 millones de pesos en sobornos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Aunque el oficial dejó su cargo el 31 de enero de 2025, el hecho confirma la vulnerabilidad de las Fuerzas Armadas ante el poder del crimen organizado.
Sinaloa: entre la narcoguerra y la influencia criminal
Sinaloa ha sido históricamente el epicentro del narcotráfico en México. La caída de Joaquín «El Chapo» Guzmán no debilitó al cártel, sino que generó una guerra interna entre facciones. Los Chapitos y La Mayiza han transformado el estado en un campo de batalla, donde la violencia se ha recrudecido y los métodos de comunicación del narco han evolucionado.
Las tradicionales narcomantas han sido reemplazadas por volantes arrojados desde avionetas, en los que se denuncia la complicidad de las autoridades con Los Chapitos. Además, videos de interrogatorios muestran a víctimas torturadas confesando supuestos pactos entre el gobierno y el crimen organizado.
Estados Unidos y la posible designación de cárteles como terroristas
El endurecimiento de la política estadounidense hacia el narcotráfico mexicano es otro factor que podría alterar el equilibrio de poder. Con Donald Trump en su segundo mandato, la posibilidad de designar a los cárteles como organizaciones terroristas ha resurgido.
Algunos sectores conservadores en Estados Unidos han sugerido el uso de tropas militares para combatir a los cárteles dentro de México, pero los propios generales estadounidenses se oponen a la idea. El principal temor es que sus soldados se vean expuestos a la corrupción del narco, repitiendo los problemas que han enfrentado las fuerzas mexicanas.
¿Puede el Ejército frenar al Cártel de Sinaloa sin ser infiltrado?
El despliegue militar en Sinaloa podría generar más riesgos que beneficios si no se implementan controles estrictos para evitar la corrupción interna. La historia ha demostrado que cuando las Fuerzas Armadas se acercan demasiado al narcotráfico, las líneas entre autoridad y crimen se desdibujan.
El reto de García Harfuch no es solo capturar a los delincuentes, sino garantizar que quienes los persiguen no terminen trabajando para ellos. Sin un plan integral que ataque la corrupción dentro de las fuerzas de seguridad, la estrategia podría convertirse en un arma de doble filo.
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