El gobierno de México publicó el lunes un decreto en el Diario Oficial de la Federación (DOF) que prohíbe el uso del maíz transgénico en el país. Esto incluye tanto su cultivo como su producción en todo el territorio nacional.
La reforma no solo es significativa desde el punto de vista agrícola, sino que también reconoce al maíz como un símbolo de identidad nacional, con un valor cultural que se remonta a las civilizaciones prehispánicas. Por ello, la medida busca proteger las más de 60 variedades nativas que existen en México.
¿Qué cambios constitucionales se aprobaron?
El decreto promovido por la presidenta Claudia Sheinbaum reformó y amplió los artículos 4 y 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, estableciendo que el cultivo del maíz en México debe mantenerse libre de transgénicos.
Además, se da prioridad a las prácticas agroecológicas, es decir, métodos tradicionales y sustentables para el manejo de la tierra. Con esta reforma, todas las leyes, reglamentos o normas que contradigan el nuevo mandato quedarán sin efecto.
¿Qué se entiende por maíz transgénico?
Según la definición incluida en el decreto, el maíz transgénico es aquel que ha sido modificado genéticamente mediante la introducción artificial de ADN o ARN de otra especie, utilizando tecnología recombinante.
Esto difiere del maíz mejorado por métodos tradicionales, como la selección de semillas o el cruce controlado de plantas, los cuales sí están permitidos. La restricción se enfoca en evitar “técnicas que superen las barreras naturales” para modificar el grano.
La reforma busca proteger la biodiversidad del país, asegurar la soberanía alimentaria y conservar el patrimonio cultural asociado al maíz nativo. El Senado aprobó el dictamen con 27 votos a favor, cuatro en contra y una abstención, marcando un fuerte respaldo legislativo.
¿El consumo de maíz transgénico es peligroso?
Uno de los temas que más debate ha generado es si el consumo de maíz transgénico representa un riesgo para la salud humana.
Expertos como Ruth Pedroza Islas, de la Universidad Iberoamericana, y Francisco Bolívar Zapata, de la UNAM, coinciden en que no existe evidencia científica concluyente que demuestre daños a la salud por consumir alimentos genéticamente modificados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también respalda esta postura, afirmando que los transgénicos que actualmente están en el mercado han pasado por rigurosas evaluaciones de seguridad, y no es probable que presenten riesgos para los consumidores.
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