México ante Trump: ¿Negociar con estrategia o ceder ante la presión?

En medio de la presión de Trump, México debe elegir entre acuerdos inmediatos o una estrategia a largo plazo que equilibre sus intereses sin arriesgar demasiado.

Trump en su momento de mayor poder: ¿Cómo debe responder México?

Donald Trump ha regresado a la Casa Blanca con una fuerza política sin precedentes. Con ambas cámaras del Congreso bajo control republicano y una oposición debilitada, su capacidad para imponer decisiones en la agenda internacional es más fuerte que nunca.

Para México, esto representa un desafío crucial. La relación con EE. UU. nunca ha sido sencilla, pero ahora enfrenta un escenario en el que Trump busca imponer medidas drásticas en migración, comercio y seguridad sin mayor resistencia.

El dilema de México: Resistir o negociar por separado

Históricamente, los gobiernos mexicanos han optado por estrategias de largo plazo para manejar la relación con EE. UU., buscando acuerdos amplios que establezcan reglas claras para ambos países.

Sin embargo, con un Trump en plena posición de poder, apostar por una estrategia rígida podría ser un error.

Ejemplo reciente: El caso de Colombia

El presidente colombiano, Gustavo Petro, intentó desafiar a Trump al rechazar aviones militares con migrantes deportados. La respuesta estadounidense fue inmediata:

  • Suspensión de visas para ciudadanos colombianos.
  • Amenaza de aranceles a productos colombianos.

Ante esta presión, Colombia cedió. Este episodio muestra que, al menos en este momento, los países con menos poder de negociación tienen pocas opciones para resistir las exigencias de EE. UU.

Las prioridades de Trump: Qué esperar en los próximos meses

Trump ha dejado claro cuáles son sus principales objetivos en política internacional:

  1. Migración: Deportaciones masivas y la reactivación del programa «Quédate en México».
  2. Seguridad: Presión para que México coopere más en el combate al narcotráfico.
  3. Comercio: Posible imposición de aranceles si considera que México no cumple con los términos del T-MEC.

Dado este panorama, la pregunta clave para México es: ¿Cómo negociar sin perder demasiado?

Tácticas rápidas: La alternativa a una estrategia de largo plazo

En lugar de buscar un acuerdo global con Trump en su momento de mayor poder, México podría beneficiarse de negociaciones rápidas y específicas en cada tema, sin comprometerse a largo plazo.

Ventajas de este enfoque:
Permite mayor flexibilidad conforme cambian las condiciones políticas.
Evita ceder demasiado en un solo acuerdo.
Reduce el riesgo de represalias inmediatas.

Desventajas:
Puede generar incertidumbre en la relación bilateral.
Algunas concesiones podrían ser difíciles de revertir en el futuro.

El gobierno mexicano ya está aplicando esta táctica al manejar cada tema por separado:

  • Aviones militares con deportados: Rechazados.
  • Migrantes venezolanos:Aceptados con condiciones.
  • Quédate en México:En revisión, pero con reservas.

Cada punto se negocia en su propio carril, evitando una confrontación total con Trump.

La incertidumbre como ventaja diplomática

La incertidumbre suele ser vista como un problema en política exterior, pero en este caso, podría jugar a favor de México.

Si bien Trump tiene el control del gobierno, el tiempo podría debilitar su posición a medida que surjan desafíos internos en EE. UU.:

  • Posibles divisiones dentro del Partido Republicano.
  • Desafíos legales y controversias en su administración.
  • Movimientos de resistencia desde otros países y organismos internacionales.

Esto significa que, en lugar de apresurarse a aceptar un acuerdo desfavorable, México podría beneficiarse de esperar y adaptarse conforme evolucionan los acontecimientos.

México debe moverse con cautela

El gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta una de las pruebas más difíciles en la relación con EE. UU. Optar por tácticas rápidas en lugar de una estrategia a largo plazo podría ser la mejor opción en este momento.

Si bien esto no garantiza que México evitará presiones de Trump, al menos permite ganar tiempo y reducir los riesgos de concesiones permanentes.

La diplomacia no es solo cuestión de acuerdos; también es un juego de tiempos y oportunidades. Y en este momento, la mejor jugada para México podría ser la paciencia estratégica.

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