México abre consulta pública sobre el T-MEC, ¿cómo puedes participar?

El gobierno de México lanzó este miércoles un aviso oficial que abre la puerta a la participación ciudadana en un tema que impacta la economía nacional: la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). A través de la Secretaría de Economía, encabezada por Marcelo Ebrard, se convocó a todos los sectores interesados —empresarios, trabajadores, académicos, organizaciones civiles y ciudadanos en general— a presentar información, comentarios y recomendaciones sobre el funcionamiento del acuerdo comercial.

El anuncio aparece en el Diario Oficial de la Federación deeste 17 de septiembre de 2025 y marca el inicio de un proceso muy importante para el futuro económico del país.La razón es que, de acuerdo con el artículo 34.7 del T-MEC, en julio de 2026 se cumplirá el sexto aniversario de la entrada en vigor del tratado, lo que obliga a una revisión conjunta entre los tres países miembros.

Para ello, el gobierno abrió tres canales de comunicación, ya sea por correo electrónico, vía página o web o incluso la disponibilidad de la Oficialía de Partes de la Secretaría de Economía, para recibir los comentarios de la consulta pública.

El plazo para enviar propuestas es de 60 días naturales a partir de la publicación del aviso, es decir, hasta mediados de noviembre de 2025. El objetivo es recabar una visión amplia y diversa que permita preparar la postura mexicana para la mesa de revisión del próximo año.

Con esta consulta, el gobierno busca que la sociedad se involucre en un acuerdo que no solo afecta a grandes empresas exportadoras, sino también al campo, a las industrias locales y a los consumidores en general. El T-MEC regula desde el comercio de automóviles hasta los derechos digitales, lo que significa que sus alcances llegan a la vida diaria de millones de personas.

Los antecedentes del T-MEC

Para comprender la importancia de esta consulta, conviene repasar el origen del tratado. El T-MEC es el sucesor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor en 1994. Aquel acuerdo marcó un parteaguas en la historia económica de México, al abrir de manera masiva sus mercados a Estados Unidos y Canadá.

El TLCAN permitió un aumento sin precedentes en las exportaciones mexicanas, en especial en sectores como la manufactura automotriz, la agricultura de exportación y la industria textil. Sin embargo, también trajo críticas por la desaparición de miles de pequeños productores que no pudieron competir con los productos estadounidenses subsidiados.

En 2017, bajo la administración de Donald Trump en Estados Unidos, se impulsó la renegociación del acuerdo. La intención era modernizar el TLCAN, pero también responder a las demandas políticas de Washington sobre déficit comercial, reglas laborales y protección de industrias.

Finalmente, el 30 de noviembre de 2018, se firmó en Buenos Aires el Protocolo que sustituía el TLCAN por el T-MEC, acompañado de acuerdos paralelos. Posteriormente, en diciembre de 2019, se suscribió un Protocolo Modificatorio en la Ciudad de México. El Senado mexicano aprobó el tratado y sus ajustes, y en junio de 2020 se promulgó oficialmente. El 1 de julio de 2020 entró en vigor.

El T-MEC mantuvo la esencia de libre comercio entre los tres países, pero introdujo capítulos nuevos en temas comocomercio digital, medio ambiente y estándares laborales, propiedad intelectual, así como reglas de origen más estrictas en automóviles. En suma, el acuerdo buscó adaptarse al nuevo contexto de la economía global y dar respuesta a preocupaciones sociales y ambientales.

5 AÑOS DE T-MEC: BALANCE Y EFECTOS EN LA REGIÓN

A más de cinco años de su entrada en vigor, el T-MEC ha dejado claros resultados en distintos frentes. Para México, el tratado consolidó su papel como socio comercial estratégico de Estados Unidos y Canadá. De hecho, México se convirtió en primer socio comercial de Estados Unidos en 2023 y 2024, superando a China y Canadá.

En la industria automotriz, una de las más reguladas bajo el T-MEC, se han registrado mayores niveles de producción en México, aunque con el reto de cumplir con las nuevas reglas de contenido regional y salarios más altos para ciertos componentes. Esto ha obligado a empresas mexicanas y extranjeras a realizar inversiones en innovación y capacitación.

En el sector agrícola, los productores mexicanos han mantenido un acceso privilegiado al enorme mercado estadounidense, lo que ha impulsado las exportaciones de frutas, verduras y productos procesados. Sin embargo, también ha habido disputas, como la controversia por la importación de maíz transgénico que enfrenta a México con Estados Unidos.

En Canadá, el T-MEC permitió mantener la estabilidad de sus exportaciones energéticas y agrícolas, aunque persisten tensiones en temas como los lácteos y la madera.

Para Estados Unidos, el tratado aseguró nuevas condiciones de competitividad frente a Asia y preservó la integración productiva de América del Norte. Las reglas de origen en la industria automotriz buscan evitar que piezas fabricadas en otros países entren con arancel cero, obligando a una mayor producción en la región.

En el ámbito laboral, el T-MEC introdujo un mecanismo de respuesta rápida, que permite a los socios cuestionar violaciones a los derechos sindicales en centros de trabajo mexicanos. Gracias a este mecanismo, se han registrado mejoras en contratos colectivos y en procesos democráticos dentro de sindicatos.

El balance, en términos generales, muestra un acuerdo que ha funcionado como un marco de certidumbre para la inversión y el comercio, aunque no ha estado exento de tensiones políticas y económicas.

EL HORIZONTE HACIA 2026: RENEGOCIACIÓN Y EXPECTATIVAS

La revisión de 2026 no significa una ruptura automática del T-MEC, pero sí abre la posibilidad de ajustar sus términos. El artículo 34.7 del tratado establece que, en el sexto aniversario, la Comisión de Libre Comercio debe evaluar su funcionamiento y decidir sobre medidas adecuadas.

En este escenario, México tiene mucho en juego. Por un lado, la estabilidad de sus exportaciones —que dependen en gran medida del mercado estadounidense— y, por otro, la oportunidad de defender sectores estratégicos frente a presiones externas.

La economista Laura Méndez, especialista en integración regional, explica que la revisión del T-MEC en 2026 será un punto de equilibrio entre continuidad y ajustes. “Estados Unidos seguramente buscará mayores compromisos en materia laboral y ambiental, mientras que México deberá defender su soberanía energética y, al mismo tiempo, garantizar que no se pongan en riesgo los flujos de inversión. No se trata de rehacer el tratado desde cero, pero sí de afinarlo para responder a nuevas realidades”, opinó.

Para México, la renegociación de 2026 es determinanteporque el 80% de sus exportaciones tienen como destino Estados Unidos. Cualquier cambio en las reglas podría impactar desde los precios de los automóviles hasta la estabilidad de la industria agrícola.

De ahí la importancia de la consulta pública: al abrir la puerta a opiniones de todos los sectores, el país podrá llegar a la mesa con un diagnóstico completo, no solo desde la perspectiva gubernamental, sino también con la voz de empresarios, sindicatos y sociedad civil.

En 2026, México, Estados Unidos y Canadá tendrán que mirarse de frente y evaluar cómo quieren seguir trabajando juntos. Y la voz de la gente puede hacer la diferencia.

 

Salir de la versión móvil