Marcha Generación Z: Encapuchados derriban vallas y se enfrentan con policías

Marcha frente a Palacio Nacional termina en choques, gases y retiro de vallas mientras jóvenes de la Generación Z presionan con más intensidad.

Marcha Generación Z: Encapuchados derriban vallas y se enfrentan con policías
Marcha frente a Palacio Nacional deja horas de tensión entre policías y jóvenes que derriban vallas y exigen cambios en la seguridad del Zócalo.

Inicio de la confrontación

La marcha comenzó como una expresión multitudinaria en el Zócalo, una mezcla de furia juvenil y consignas que resonaban contra las vallas de tres metros que rodeaban Palacio Nacional. Desde el primer instante, la energía se sintió como una corriente eléctrica que atravesaba la plancha, una marcha que avanzaba entre empujones, martillazos y el eco metálico de los golpes que anunciaban que ese día nada sería como antes

La marcha creció en intensidad cuando los jóvenes encapuchados escalaron las vallas mientras otros manifestantes, divididos entre apoyo y desaprobación, gritaban “sí se puede” y “no me representas”, mostrando la fractura interna entre quienes impulsaban la presión física y quienes buscaban mantener la protesta sin violencia. En cada paso, la marcha adquiría un tono más tenso, más desafiante, más decidido.

Escalada de tensión en la plancha del Zócalo

La escena se volvió aún más dramática cuando, desde detrás de las vallas metálicas, los policías comenzaron a lanzar gas y polvo de extinguidores intentando repeler a quienes golpeaban con puños, herramientas y esmeriles la estructura metálica. La marcha se convirtió entonces en un cuerpo vivo que avanzaba, retrocedía y volvía a cargar con más fuerza. Con cada embestida, más jóvenes se sumaban, algunos cortando soldaduras, otros gritando consignas para impulsar a los demás. La marcha chocaba, retrocedía y regresaba con la misma furia juvenil que caracterizó a la Generación Z en esta movilización.

Retiro de vallas y avance hacia Palacio Nacional

Tras una serie de embates, la marcha logró derribar la primera valla y luego otras dos, lo que desencadenó una respuesta más agresiva desde el otro lado del muro metálico: gases, piedras y esferas en llamas que cruzaban el aire y caían entre los manifestantes. Aun así, la marcha no cedió; por el contrario, se fortaleció conforme más grupos arrancaban placas, jalaban estructuras y arrastraban los pedazos de metal hacia la plancha. Para entonces, el Zócalo ya mostraba un enorme vacío frente al Palacio, una abertura que simbolizaba el avance de la marcha sobre un territorio históricamente protegido.

División interna entre manifestantes

Mientras el evento más radical insistía en derribar cada fragmento de valla, otros grupos de la Generación Z pedían contención, advirtiendo que los actos de violencia podían desacreditar su movimiento. Sin embargo, dentro de esa misma marcha surgían tensiones adicionales: algunos acusaban a otros de robo, lo que generó enfrentamientos internos. Aun así, la marcha mantuvo su avance, empujada por la mecánica de grupo, la adrenalina colectiva y un objetivo que superaba las diferencias individuales.

Contraofensiva policial y resistencia juvenil

A la 1:40 de la tarde, los policías antimotines salieron hacia la multitud para intimidar, pero la marcha se compactó y los obligó a retroceder. En un momento inesperado, algunos manifestantes lograron arrebatarles sus escudos, un símbolo que encendió aún más el ánimo de la multitud. A las 2:04 la marcha ya había retirado la mitad de las vallas. Minutos después, un gigantesco bloque de nueve vallas fue arrancado y arrastrado hasta el centro de la plancha, donde cayó con estrépito, como un recordatorio de que la marcha había superado los límites impuestos.

Últimos momentos de resistencia

Para las tres de la tarde, casi todas las vallas habían sido derribadas. La marcha avanzaba con el impulso de quienes jalaban más láminas, usaban cuerdas improvisadas y lanzaban proyectiles. La policía, ya replegada, solo formaba un último muro con escudos para impedir el ingreso. Pese al gas que ardía en los ojos y la piel, la marcha regresaba una y otra vez, reagrupándose y empujando en oleadas. Las consignas como “el pueblo unido jamás será vencido” o “vamos a entrar” marcaban cada avance, mientras las personas con el rostro cubierto continuaban arrancando fragmentos de metal y empujándolos hacia el centro del Zócalo.

Significado de una jornada que marcó a la ciudad

Lo sucedido frente a Palacio Nacional no fue solo el derribo de un muro metálico, sino una demostración del poder, contradicciones y tensiones que coexisten dentro de una generación que oscila entre la protesta pacífica y la rabia acumulada. La marcha, en todas sus formas, dejó claro que las nuevas movilizaciones ya no se explican solo por consignas, sino por una mezcla de frustración social, cansancio político y una búsqueda cada vez más urgente de transformación.

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