La extorsión en México: un flagelo que amenaza la cohesión social

La extorsión en México: un flagelo que amenaza la cohesión social

La extorsión se ha convertido en uno de los delitos más comunes y dañinos en México. Según el INEGI, en 2022 se registraron más de 5 millones de casos de extorsión, posicionándose como un fenómeno que afecta tanto a personas como a comunidades enteras. Este delito, que trasciende la violencia física para incluir manipulación psicológica y tecnológica, es un reflejo de desigualdades estructurales, falta de oportunidades y una debilitada presencia del Estado.


Factores que alimentan la extorsión

1. Regiones vulnerables y falta de presencia estatal

Estudios del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y del Instituto Belisario Domínguez del Senado han identificado que las áreas con mayor incidencia de extorsión son aquellas donde las instituciones gubernamentales tienen poca influencia. En estas zonas, el crimen organizado ha consolidado su control, estableciendo redes de intimidación y explotación.

2. Uso de tecnología en la extorsión

El crimen organizado ha adoptado herramientas tecnológicas para diversificar las formas de extorsión. Desde llamadas telefónicas hasta el uso de redes sociales y técnicas de phishing, estas nuevas modalidades incrementan la sofisticación del delito, complicando su prevención y combate.

3. Impacto psicológico y comunitario

El Observatorio Nacional Ciudadano ha destacado cómo el miedo generado por la extorsión afecta la confianza social, deteriora el tejido comunitario y provoca un ambiente constante de incertidumbre. Esto no solo daña a las víctimas directas, sino también a las comunidades que quedan atrapadas en un ciclo de intimidación.


Historias de resistencia: comunidades que enfrentan el miedo

En regiones como Michoacán y Guerrero, donde el crimen organizado impone cuotas a comerciantes y agricultores, las comunidades han comenzado a organizarse. Redes de apoyo comunitario, iniciativas de vigilancia vecinal y campañas educativas han sido esenciales para combatir la extorsión. Estas experiencias subrayan la importancia de fortalecer la cohesión social como una herramienta de resistencia.


Acciones necesarias para mitigar el impacto

1. Prevención desde la raíz

Es indispensable implementar políticas sociales que reduzcan las causas estructurales del delito, como la pobreza y la desigualdad. Programas de educación, empleo y fortalecimiento del tejido social deben ser la base de cualquier estrategia contra la extorsión.

2. Uso de inteligencia tecnológica

Así como los delincuentes adoptan tecnología, las autoridades deben desarrollar herramientas avanzadas para identificar patrones de extorsión y prevenir ataques. La colaboración entre sector público, privado y académico puede generar soluciones innovadoras.

3. Protección y educación ciudadana

Organizaciones como México Unido Contra la Delincuencia han subrayado la necesidad de educar a la población sobre cómo identificar y denunciar intentos de extorsión. Además, se requieren protocolos claros para garantizar la seguridad de quienes denuncian.


El papel de la academia y la sociedad civil

La academia tiene un rol clave en entender las dinámicas de la extorsión. Investigaciones criminológicas y sociológicas pueden ofrecer insights valiosos sobre las motivaciones detrás de este delito y las estrategias más efectivas para combatirlo. Por su parte, la sociedad civil debe actuar como un puente entre comunidades y autoridades, promoviendo la denuncia y la cooperación.


Cita clave

«Cada vez más, las formas de extorsión se diversifican, incorporando el uso de tecnologías para chantajear y manipular a las víctimas. Esto ha generado un nuevo desafío tanto para autoridades como para la sociedad civil.»

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