Jóvenes sin futuro en empleos inestables, según la nueva encuesta laboral en México

Jóvenes sin futuro en empleos inestables, según la nueva encuesta laboral en México
Jóvenes sin futuro en empleos inestables, según la nueva encuesta laboral en México

A Jessica le pagan en efectivo cada viernes. Trabaja de cajera en una tienda pequeña de abarrotes en una colonia popular de Cancún. No tiene contrato, no tiene seguro social y tampoco sabe si seguirá en ese mismo trabajo el próximo mes. Tiene 23 años, terminó la preparatoria y, desde los 18, ha pasado por más de ocho empleos distintos.

“Me han corrido por cerrar mal la caja, por llegar cinco minutos tarde o porque me embaracé. En algunos lugares me pagaban 800 pesos a la semana, en otros 1,200. Ninguno me daba seguro ni vacaciones”, cuenta con resignación. Ella, como millones de jóvenes mexicanos, vive atrapada en la inestabilidad laboral.

Los datos oficiales lo confirman. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), publicada por el Inegi este lunes 28 de julio, revela una realidad que ha dejado de ser coyuntura para convertirse en estructura: los jóvenes son el grupo más afectado por el desempleo, la informalidad y las condiciones precarias de trabajo.

Cifras que revelan una verdad incómoda

De acuerdo con la ENOE, en junio de 2025, 8 de cada 10 personas desempleadas tenían menos de 45 años. Específicamente, el 49.5% tenía entre 25 y 44 años, y el 31.5% entre 15 y 24 años. Eso significa que más de 1.3 millones de jóvenes se encontraban buscando empleo en ese momento.

Pero la otra cara del problema es que quienes sí tienen trabajo tampoco están en buenas condiciones. De los 60.2 millones de personas ocupadas, el 54.8% está en la informalidad laboral, es decir, en trabajos sin derechos laborales, sin seguridad social, sin prestaciones ni estabilidad.

Esto equivale a 33 millones de personas en la informalidad, una cifra histórica. La mayoría son jóvenes, empleados en negocios familiares, changarros, tiendas sin registro fiscal o plataformas digitales que los consideran “colaboradores independientes”.

Empleos que van y vienen

Uno de los puntos más preocupantes es la duración del desempleo. Aunque el país tiene una tasa baja de desocupación (2.7%), la rotación laboral es altísima. De los 1.7 millones de personas desempleadas en junio, el 45.5% llevaba sin trabajo menos de un mes, y otro 31.4% llevaba entre uno y tres meses.

Esto refleja una realidad común: los jóvenes consiguen trabajo con rapidez, pero lo pierden igual de rápido. Ya sea porque los despiden sin justificación, porque renuncian ante malos tratos o porque el trabajo simplemente era temporal, muchos no logran construir una carrera laboral estable.

“Me han dado contratos por 15 días, por un mes. Nunca sé si me van a renovar. Así no se puede vivir tranquilo, menos pensar en rentar un departamento o tener hijos”, dice David, un joven de 24 años que trabaja como ayudante en una empresa de mensajería.

Mal pagados, sin derechos

Otro indicador crítico es el nivel de ingreso. La ENOE muestra que 23 millones de personas ganan hasta un salario mínimo o menos, es decir, alrededor de 7,500 pesos mensuales. Además, más de 10 millones no reportaron sus ingresos, lo cual puede deberse al miedo a revelar sueldos muy bajos o al hecho de que no tienen recibos oficiales.

El 32.7% de los trabajadores está en condiciones críticas de ocupación: laboran muchas horas por un pago insuficiente, o trabajan menos de lo que quisieran porque no hay más oportunidades. Son obreros, meseros, repartidores, ayudantes generales, asistentes de oficina, jóvenes que sobreviven con lo que pueden.

“Con lo que gano apenas me alcanza para la comida. No tengo aguinaldo, ni vacaciones. Si me enfermo, pierdo el día”, agrega David.

El ciclo de la precariedad

Muchos jóvenes entran al mercado laboral sin experiencia y aceptan lo que les ofrecen. En lugar de capacitarse o crecer dentro de una empresa, saltan de empleo en empleo, acumulando frustraciones y cansancio.

Esto se convierte en un ciclo: trabajos mal pagados, renuncias, desempleo temporal, búsqueda desesperada de otro empleo. Y vuelta a empezar.

El sistema, en lugar de retener el talento joven, lo expulsa constantemente. El resultado: jóvenes desmotivados, sin oportunidades reales de desarrollo, y una economía que no aprovecha su fuerza más activa.

LAS MUJERES, EN DOBLE DESVENTAJA LABORAL

El problema se agudiza cuando hablamos de mujeres jóvenes. Aunque su tasa de participación económica ha crecido ligeramente (de 45.7% a 46.5%), enfrentan mayores obstáculos: discriminación por maternidad, menor acceso a puestos de liderazgo y una alta presencia en sectores informales como el trabajo doméstico, el comercio en tianguis o la venta por catálogo.

De las 713 mil mujeres desocupadas, muchas son madres que no encuentran quién cuide a sus hijos, o que dejaron sus empleos por maltratos o falta de horarios flexibles. Además, el 55.7% de las mujeres trabajadoras están en la informalidad, una cifra superior al promedio nacional.

Un dato que rompe mitos: el 88.1% de las personas desempleadas tiene secundaria o más. Es decir, no es la falta de estudios lo que impide conseguir trabajo, sino la falta de condiciones dignas en el mercado laboral.

Tener carrera universitaria ya no es sinónimo de éxito laboral. Muchos profesionistas jóvenes terminan trabajando como vendedores, recepcionistas o repartidores, por debajo de su perfil académico. Esto ha generado una nueva frustración generacional: jóvenes preparados que no encuentran empleo a su nivel, ni en su área de formación, ni con el sueldo esperado.

SECTORES CON MÁS JÓVENES E INESTABILIDAD

En ellos predominan los jóvenes, pero también los contratos temporales, los sueldos bajos y la falta de prestaciones. Son sectores que dependen mucho de la estacionalidad o de la demanda diaria, lo que agrava la rotación laboral.

  • Servicios profesionales, financieros y corporativos (+477 mil)
  • Restaurantes y servicios de alojamiento (+456 mil)
  • Agricultura, ganadería y pesca (+300 mil)
  • Transporte y almacenamiento (+245 mil)
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