Hepatitis B y C: riesgos, síntomas y cómo detectarlas antes de que sea tarde

Hepatitis B y C: riesgos, síntomas y cómo detectarlas antes de que sea tarde
Hepatitis B y C: riesgos, síntomas y cómo detectarlas antes de que sea tarde

Esta semana se conmemora el Día Mundial contra la hepatitis B y C, dos enfermedades que a pesar de ser prevenibles, siguen estando presentes en la población y representan un riesgo silencioso en el que muchas personas pueden permanecer años sin presentar síntomas, hasta que se convierten en diagnósticos irreversibles de cirrosis o cáncer hepático.

De acuerdo con la epidemióloga, María Eugenia Sánchez, ambas enfermedades infecciosas afectan directamente al hígado, provocando una inflamación crónica que con el tiempo puede deteriorar gravemente su funcionamiento.

“El hígado es un órgano vital encargado de filtrar toxinas, procesar nutrientes y metabolizar medicamentos; cuando se ve afectado por el virus de la hepatitis B o C, su capacidad para cumplir estas funciones disminuye progresivamente.

En ambos casos son como enemigos ocultos que pueden vivir en el organismo durante décadas sin dar la cara. Y cuando lo hacen, ya es demasiado tarde”, dijo. 

El enemigo invisible

La epidemióloga mencionó que a nivel mundial, más de 350 millones de personas en el mundo viven con hepatitis B crónica y alrededor de 58 millones con hepatitis C, muchas sin saberlo. Mientras que las formas de contagio son mucho más comunes de lo que las personas pueden imaginar, pues cada uno de los mecanismos se encuentra en las actividades cotidianas como las perforaciones, los tatuajes e incluso procesos estéticos como el microblading. 

“El virus entra al cuerpo a través de herramientas que no están esterilizadas al cien por ciento, tal es el caso de las agujas que se usan para estos procedimientos. Además se transmiten principalmente por contacto con sangre contaminada, relaciones sexuales sin protección, o de madre a hijo durante el parto.

“En la mayoría de los casos no hay fiebre, ni dolor, ni señales que hagan sospechar al paciente de una infección. El virus se instala en el hígado y comienza a dañarlo lentamente, hasta que ya no hay forma de revertir el daño”, explicó.

Reconoció que el diagnóstico tardío es uno de los principales retos. De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Salud, 8 de cada 10 personas que tienen hepatitis C lo desconocen.

“Por eso es importante que al menos cada año se realicen una prueba de sangre. Se puede hacer a través de las pruebas rápidas con una gota del dedo de la mano o por toma sanguínea, esta última nos ayuda a tener un panorama más claro, pero cualquiera de las dos ayuda”. 

Vacunación, la primera línea de defensa

A pesar del panorama, María Eugenia Sánchez destacó que la hepatitis B sí tiene vacuna y se aplica desde el nacimiento. Sin embargo, es importante su actualización cada determinado tiempo pues el biológico pierde fuerza. 

“Es una vacuna segura, eficaz y gratuita. Pero es importante tener en cuenta que aún hay brechas importantes en la cobertura, sobre todo en comunidades rurales o con bajo acceso a servicios de salud”, dijo. 

Para la hepatitis C , explicó que no existe vacuna, pero sí tratamientos antivirales de última generación que logran curar la infección en más del 95% de los casos. El problema es que se requieren pruebas diagnósticas periódicas para identificar la enfermedad a tiempo.

“Tenemos las herramientas para detectar y tratar estas enfermedades, pero si la gente no se hace la prueba, nunca sabrá que está infectada. Por eso la detección oportuna es tan importante como la vacunación”, comentó. 

¿Cuándo hacerse la prueba?

Al menos una vez si:

  • Tuviste contacto con sangre ajena (transfusión, tatuajes o perforaciones sin medidas higiénicas)
  • Tienes prácticas sexuales de riesgo
  • Eres personal de salud
  • Tu madre estuvo infectada o tienes antecedentes familiares.

Recomendaciones 

  • Vacunarse contra la hepatitis B desde el nacimiento
  • Usar preservativo en todas las relaciones sexuales
  • Evitar compartir agujas, rastrillos, cepillos de dientes o cualquier objeto que pueda tener sangre
  • Exigir material estéril en tatuajes, perforaciones o procedimientos médicos
  • Realizarse pruebas de detección en caso de riesgo o por rutina, al menos una vez en la vida

Factores de riesgo

  • Transfusiones sanguíneas previas a 1995
  • Consumo de drogas inyectables
  • Relación sexual sin protección
  • Procedimientos médicos o dentales sin higiene adecuada
  • Uso compartido de jeringas u objetos punzocortantes

Posibles síntomas (cuando aparecen)

  • Fatiga crónica
  • Ictericia (coloración amarilla de piel y ojos)
  • Náuseas o vómito
  • Dolor abdominal, especialmente en el área del hígado
  • Orina oscura
  • Pérdida de apetito
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