Una fosa clandestina fue localizada en la comunidad de La Llave, en el municipio conurbado de San Juan del Río, Querétaro, tras una llamada anónima que activó de inmediato a integrantes del Colectivo Desaparecidos Querétaro, quienes acudieron al sitio para verificar la información y dar aviso a las autoridades correspondientes.
El hallazgo de la fosa clandestina se produjo en un contexto marcado por la persistencia de búsquedas ciudadanas en la región, donde familiares de personas desaparecidas han señalado durante años la necesidad de mayor acompañamiento institucional y respuestas claras frente a la ausencia de sus seres queridos.
Solicitan apoyo a la Comisión Local de Búsqueda
La vocera del colectivo, Yadira González, confirmó que tras recibir la alerta se solicitó el apoyo de la Comisión Local de Búsqueda y de las instituciones de seguridad, así como la intervención de la Fiscalía del Estado de Querétaro, instancia responsable de los trabajos periciales y de identificación de los restos.
González explicó que el objetivo principal tras el descubrimiento de la fosa clandestina es garantizar un proceso adecuado que permita identificar a la persona o personas localizadas, ubicar a sus familias y avanzar en la restitución de derechos, un paso que las buscadoras consideran fundamental para cerrar ciclos de incertidumbre.
El acompañamiento institucional tras el hallazgo
Durante los primeros trabajos en el sitio, la presencia de autoridades fue clave para resguardar el perímetro y permitir que los peritos especializados iniciaran las diligencias correspondientes, luego de que el colectivo confirmara indicios compatibles con una fosa clandestina.
La activista señaló que, a diferencia de otras ocasiones, en esta intervención se espera que la coordinación con la Fiscalía del Estado fluya de manera adecuada, luego de experiencias previas en las que el acompañamiento fue limitado o inexistente.
El proceso pericial, detalló la vocera, será determinante para establecer el tiempo, las condiciones y las posibles causas relacionadas con la inhumación clandestina, información que podría abrir nuevas líneas de investigación en la región.

Los indicios localizados en el terreno
Al remover la tierra del punto señalado, integrantes del colectivo lograron identificar elementos visibles que confirmaron la presencia de una fosa clandestina, entre ellos cobijas de distintos colores y prendas de vestir que podrían facilitar la identificación posterior.
Yadira González describió que se observaron dos cobijas, una rosa y otra con tonos beige y multicolor, además de una playera a rayas con botonadura al frente y una chamarra azul marino que contenía restos óseos correspondientes a falanges, brazo y antebrazo.
Estos indicios fueron documentados y resguardados conforme a protocolo, a la espera de que los especialistas en antropología forense determinen el perfil biológico y cualquier otro dato que contribuya al proceso de identificación.
San Juan del Río como punto de interés permanente
Para el Colectivo Desaparecidos Querétaro, el municipio de San Juan del Río ha sido señalado de manera constante como una zona prioritaria, debido a la recurrencia de reportes, hallazgos y búsquedas relacionadas con personas no localizadas.
Tras el hallazgo de la fosa clandestina en La Llave, se iniciaron prospecciones en los alrededores con el fin de descartar la presencia de otros puntos de interés que pudieran estar relacionados con el mismo patrón de inhumación.
La vocera del colectivo explicó que el sitio quedará registrado como un área de seguimiento para futuras jornadas, ya que la experiencia ha demostrado que un hallazgo inicial puede derivar en otros descubrimientos relevantes.
Antecedentes de búsquedas en la región
En diciembre de 2025, el colectivo realizó una jornada de búsqueda en la barranca de Cocheros, otro punto identificado como sensible dentro del municipio, donde se concentran esfuerzos periódicos para la localización de personas desaparecidas.
González recordó que San Juan del Río ha sido catalogado como un foco rojo dentro del estado, lo que refuerza la importancia de mantener activas las acciones de búsqueda, tanto en campo como a nivel institucional.
Además, en abril de 2024 se localizaron fosas clandestinas en las inmediaciones de la comunidad de Santa Bárbara, La Cueva, a poco más de 34 kilómetros del sitio donde recientemente se encontró la fosa clandestina de La Llave.
Dos décadas de lucha y memoria
La historia personal de Yadira González está profundamente ligada a estas búsquedas, ya que es hermana de Juan González, comerciante desaparecido en 2006, un caso que marcó el inicio de un camino de dos décadas de resistencia y acompañamiento a otras familias.
A lo largo de estos años, su vida dio un giro completo, transformándose en una buscadora que dedica gran parte de su tiempo a recorrer terrenos, revisar indicios y exigir respuestas ante la ausencia de sus seres queridos.
Aunque la búsqueda de su hermano sigue siendo una prioridad, González ha reiterado que el compromiso del colectivo va más allá de un solo caso, ya que el dolor compartido une a familias que buscan justicia y verdad.
El significado del hallazgo para las familias
Cada fosa clandestina localizada representa una posibilidad de respuesta para quienes han vivido años de incertidumbre, pero también una herida abierta que expone la magnitud del problema de las desapariciones.
El acompañamiento emocional, legal y forense se vuelve indispensable en estos procesos, donde la dignidad de las víctimas y de sus familias debe ser el eje central de cualquier actuación.
Para el colectivo, la visibilización de estos hallazgos es una forma de exigir que no se normalice la violencia ni el abandono institucional, y que cada caso sea atendido con la seriedad que merece.
Un llamado a no olvidar
El hallazgo de esta fosa clandestina vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de políticas públicas integrales que atiendan la crisis de desapariciones desde la prevención, la búsqueda y la reparación del daño.
Las buscadoras insisten en que mientras existan personas desaparecidas, el trabajo en campo no puede detenerse, y la memoria debe mantenerse viva como una forma de resistencia colectiva.
La comunidad de La Llave se suma así a la lista de territorios marcados por la ausencia, recordando que detrás de cada hallazgo hay historias truncadas que esperan ser contadas y reconocidas.