El poder mágico de un abrazo explicado desde la ciencia

Hay días en que las palabras no alcanzan. Días en que todo parece ir de prisa y lo único que realmente puede detener el ruido del mundo es algo tan sencillo como un abrazo. Sí, un abrazo, ese gesto que no cuesta nada, pero puede valerlo todo.

Un buen abrazo tiene algo mágico: no se mide en segundos, sino en lo que provoca. Cierra heridas invisibles, baja la guardia del estrés y recuerda, aunque sea por un instante, que no estamos solos. Y aunque parezca un acto emocional, también es una pequeña revolución biológica.

“Cuando abrazamos a alguien, el cerebro libera oxitocina, la llamada hormona del amor, que genera una sensación de bienestar inmediato”, explica la psicóloga clínica Mariana Torres, quien se ha especializado en vínculos afectivos. “Esa misma sustancia reduce el cortisol, que es la hormona del estrés, y ayuda a que el cuerpo se relaje”.

Pero no es solo química. Es también historia y memoria. Torres explica que abrazar conecta con nuestra parte más humana, con ese instinto primario de buscar contacto, calor y seguridad. “Desde que nacemos, el primer lenguaje que entendemos no son las palabras, sino el tacto. Por eso, los abrazos sinceros pueden tener un efecto más profundo que mil frases de consuelo”, dice.

Los científicos afirman que para que un abrazo haga efecto de verdad debe durar al menos 20 segundos. Ese es el tiempo que el cuerpo necesita para liberar la dosis justa de oxitocina y endorfinas. “Un abrazo breve puede ser amable, pero uno largo es terapéutico”, dice Torres con una sonrisa.

Hay diferentes abrazos

Sin embargo, no todos los abrazos son iguales. Hay abrazos de saludo, de despedida, de consuelo o de celebración. Los que se dan en silencio suelen ser los más poderosos, porque no buscan decir nada, solo acompañar.

Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte encontró que las personas que reciben abrazos frecuentes tienen menor presión arterial, mejor sistema inmune y una mayor sensación de confianza. No es poca cosa para algo que, en esencia, solo requiere abrir los brazos.

Así que la próxima vez que veas a alguien que quieres, abrázalo sin prisa. Porque más allá del contacto, lo que estás regalando es una dosis de calma, afecto y conexión. En tiempos de tanta prisa, eso es pura magia.

¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que diste o recibiste uno de esos abrazos que lo cambian todo?

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