
Más de 170 alebrijes deslumbran en el corazón de CDMX
El 17° desfile de alebrijes monumentales en Ciudad de México reunió a miles de personas que se apostaron en las aceras de las calles 5 de Mayo, Juárez y Reforma para contemplar el paso de más de 170 criaturas fantásticas, elaboradas con alambre, cartón y terminadas en policromado con combinaciones de colores sorprendentes. El recorrido partió al mediodía del Zócalo y culminó en la glorieta de la Independencia, conocida como el Ángel.
El evento combinó el desfile de alebrijes con bandas de marcha, grupos de bastoneras, comparsas, ballets folklóricos, concheros y mojigangas, logrando un espectáculo que unió tradición, creatividad y participación comunitaria en un mismo escenario.
La creatividad y esfuerzo detrás de los alebrijes
Cada alebrije representa meses de trabajo, dedicación y amor al arte. Familias, talleres de casas de cultura, escuelas de bachillerato y compañeros de centros de trabajo se unieron para crear estas figuras monumentales, mientras que algunos artistas trabajaron en solitario. Tal es el caso de Ricardo Susmaya Delgadillo, quien perdió su empleo temporal para terminar su alebrije “lobo araña volador”, dedicado a participar en esta celebración. Su esfuerzo comenzó tres meses antes del desfile y reflejó la pasión que motiva a los creadores de estas obras de arte efímero.
Desde figuras de una sola pieza hasta complejas estructuras de varias secciones, los alebrijes demostraron la versatilidad de la cartonería mexicana y la inventiva de quienes la practican, generando asombro entre los espectadores.
Tradición y participación intergeneracional
El desfile también resaltó la continuidad generacional en la cultura popular. La Marching Band del bachillerato Francisco I. Madero, de Amozoc, Puebla, abrió la parada gracias a su trayectoria de 14 años participando, con hijos de músicos que estuvieron en la primera edición del desfile acompañando a las animadoras. Este ejemplo muestra cómo el evento no solo celebra la creatividad, sino también la transmisión de tradiciones y habilidades artísticas de generación en generación.
Los conjuntos más complejos, como el “Teatribrije” de los talleristas de cartonería y títeres de la Fábrica de Artes y Oficios Azcapotzalco, sorprendieron al público con ingeniosos mecanismos que daban movimiento a las figuras, mientras que los espectadores capturaban cada detalle con sus teléfonos, compartiendo la experiencia en redes sociales.
Espectáculo que cautiva al público
El desfile, que duró más de dos horas, fue un recorrido lleno de color y dinamismo, con figuras que aparecían de manera sincronizada con las bandas de música y comparsas. Algunos alebrijes llegaron tarde, pero aun así se integraron al desfile, demostrando la paciencia y el entusiasmo tanto de los creadores como del público, quienes aplaudieron y expresaron su admiración por la creatividad desplegada.
Alejandro Rosas, de 11 años, recordó cómo los colores lo impresionaron en su primera visita al Centro Histórico para este evento. Su hermano Oscar, de cinco años, y su mamá Martha Elizabeth lo acompañaron desde Chimalhuacán, mostrando cómo el desfile también se convierte en una experiencia familiar de aprendizaje y disfrute de la cultura mexicana.
Legado cultural y artístico del desfile
El desfile de alebrijes monumentales no solo celebra la creatividad y el esfuerzo individual, sino que también reafirma la identidad cultural de México y la riqueza de su arte popular. Cada año, este evento logra conectar generaciones, incentivar la participación artística comunitaria y poner en valor la tradición de la cartonería y los alebrijes, consolidándose como un punto de encuentro entre el arte monumental y la sociedad.
El espectáculo demuestra cómo la cultura popular puede transformarse en un evento de gran magnitud, capaz de unir educación artística, tradición, innovación y diversión en un recorrido que alegra a miles de espectadores.