
Tienditas sin abasto: la otra tragedia tras las lluvias en Veracruz y Puebla
En las calles anegadas de Veracruz, el silencio pesa más que el agua acumulada. No se escucha el bullicio de las tienditas ni el saludo del comerciante de siempre. Las puertas de lámina están cerradas, los anaqueles vacíos y el olor a humedad reemplaza el aroma del pan recién horneado. A dos semanas de las intensas lluvias que devastaron comunidades de Veracruz, Puebla, Querétaro, Hidalgo y San Luis Potosí, los pequeños comercios enfrentan su peor crisis en años.
Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), lo resume con crudeza: “El otro gran problema son las cadenas de suministro. Muchos proveedores no han restablecido el servicio porque las carreteras están intransitables”. La imposibilidad de transitar por los caminos destruidos ha provocado que los proveedores de alimentos, bebidas y productos de higiene no puedan llegar a los poblados afectados.
Caída de ventas y desesperanza: “No se ve para cuándo”
En los pueblos donde las tienditas aún logran abrir, el panorama es desolador. Las ventas han caído hasta en un 50%. Los clientes llegan, preguntan por lo esencial —leche, pan, agua, jabón— y se marchan con las manos vacías. “Es un momento difícil, no se ve para cuándo”, lamenta Rivera, quien comparó la situación con la devastación que dejó el huracán Katrina en Estados Unidos.
El dirigente explica que la recuperación no se trata solo de reconstruir locales: implica reponer equipos, mobiliario y mercancía. “Muchos comercios quedaron prácticamente a la intemperie”, asegura. La imagen de tienditas destruidas se ha vuelto común en comunidades rurales, donde los comerciantes dependen del crédito y del flujo constante de proveedores para sobrevivir.
Indiferencia institucional y ausencia de respuesta
Durante la conmemoración del XV aniversario de la Anpec, Rivera fue contundente: “Pasa el tiempo, las desgracias y los gobiernos, y seguimos repitiendo lo mismo. No hace mucho vivimos lo de Acapulco y se tardaron de ocho a diez meses para ser funcionales”. La crítica no se quedó en palabras. Según el dirigente, ha habido más apoyo del gobierno de Nuevo León, que envió helicópteros y lanchas, que del propio gobierno de Veracruz.
“Criticamos a las autoridades locales porque no se hacen presentes, y ya no hay fondos para atender tragedias”, expresó Rivera ante decenas de comerciantes que, entre aplausos y frustración, exigieron una respuesta real del Estado.
El impacto nacional: una economía que se enfría
A nivel nacional, las tienditas de la esquina también están sufriendo. Rivera explicó que las ventas han caído cerca del 10% durante 2025, no solo por las lluvias, sino por una desaceleración económica que golpea directamente al consumo básico. A esto se suma la expansión del comercio informal, que ofrece productos a precios mucho más bajos, atrayendo a los consumidores que buscan estirar su presupuesto.
El presidente de la Anpec advirtió que la situación podría empeorar si aumentan los impuestos: “El comercio formal no podrá competir con el mercado negro que ofrece productos más baratos”. En medio de una economía debilitada, el riesgo de cierre masivo de pequeños negocios crece día a día.
Comunidades aisladas y una red comercial fracturada
En las zonas serranas de Puebla y Veracruz, los camiones repartidores se han convertido en una rareza. Las lluvias arrasaron puentes, colapsaron caminos y dejaron pueblos enteros incomunicados. Los comerciantes que aún resisten lo hacen con lo poco que les queda en inventario. Algunos han improvisado alianzas con vecinos para transportar productos en camionetas particulares o incluso a pie, atravesando veredas y arroyos.
Sin embargo, la incertidumbre domina. “Cada día que pasa sin mercancía, perdemos clientes y esperanza”, relata un tendero de Huauchinango. Lo que antes era una rutina —recibir el camión, descargar refrescos y paquetes de pan— hoy parece un recuerdo lejano.
Lecciones no aprendidas: de Acapulco a Veracruz
Las escenas que hoy se viven en Veracruz y Puebla recuerdan a las de Acapulco tras el paso del huracán Otis. Comercios destruidos, cadenas rotas y una lenta respuesta gubernamental. Rivera advierte que si no se actúa pronto, los daños económicos podrían prolongarse durante meses. La falta de fondos para emergencias y la burocracia en los apoyos agravan la crisis.
El dirigente hace un llamado a las autoridades federales y estatales para reconstruir la infraestructura, restablecer las rutas de abasto y garantizar créditos blandos a los comerciantes afectados. Sin medidas urgentes, dice, “la economía local podría colapsar”.
Un llamado a la solidaridad nacional
En medio del caos, surgen historias de esperanza. Pequeños grupos de voluntarios y comerciantes de otros estados han comenzado a enviar víveres a los pueblos aislados. En redes sociales, ciudadanos organizan colectas para enviar productos básicos. Sin embargo, el esfuerzo civil, aunque valioso, no basta para enfrentar una crisis de esta magnitud.
La tragedia de las tienditas va más allá de la economía: es un reflejo de la fragilidad de las comunidades frente al cambio climático y la falta de infraestructura. Mientras las lluvias cesan y el sol regresa, la pregunta persiste: ¿quién ayudará a los pequeños comerciantes a volver a levantar sus cortinas?