A cinco meses de celebrar tres décadas de vida, El Convite, uno de los lugares más queridos por los amantes del jazz en la Ciudad de México, fue clausurado por el Instituto de Verificación Administrativa (Invea).
El sello, con fecha del 2 de octubre, apareció de un día para otro en la fachada del restaurante ubicado en Ajusco y Pirineos, en la colonia Portales Sur. Nadie —ni empleados ni vecinos— recibió explicación clara. Pero lo que sí quedó fue el silencio donde antes sonaba el saxofón.
“Siento que lo extraño”: la voz de los fieles clientes
Entre los asistentes sorprendidos está una clienta de Villa Coapa, quien acostumbraba visitar el sitio una o dos veces al mes.
“Me gusta el ambiente, el trato y el ceviche de atún; además, se disfrutaba mucho del jazz. Siento que lo extraño”, confesó.
Y no es la única. Desde Toluca, Satélite o Tlalpan, los visitantes acudían solo por vivir el ambiente cálido del restaurante y su tradición musical.
Su cierre no solo deja a músicos sin escenario, sino a una comunidad entera sin su punto de encuentro.
El Invea guarda silencio ante la clausura
El Invea CDMX no ha aclarado públicamente las causas del cierre.
El sello cita el artículo 286 del Código Penal del Distrito Federal, que sanciona romper clausuras oficiales, pero no explica el motivo original de la medida.
En la zona, comerciantes aseguran que más de 20 establecimientos han sido clausurados recientemente, entre ellos tlapalerías, talleres y verdulerías.
“Parece persecución. Buscan cualquier papelito para cerrar negocios que pagan impuestos”, comentó un locatario molesto.
Un símbolo de la cultura urbana en riesgo
Durante casi 30 años, El Convite fue mucho más que un restaurante: era un espacio cultural donde jóvenes músicos encontraban escenario y público.
Su cierre representa una herida para la vida nocturna y artística de la CDMX, especialmente en un contexto donde los espacios independientes enfrentan verificaciones constantes.
Mientras tanto, su cafetería hermana —ubicada en Filipinas y Pirineos— permanece abierta, aunque con evidente preocupación. Los empleados, en silencio, temen ser los próximos.
Lo que sigue: una ciudad que pierde su ritmo
La clausura de El Convite reabre el debate sobre la falta de apoyo a la cultura local y los efectos de las verificaciones en los negocios que promueven arte y comunidad.
La historia del restaurante, que sobrevivió crisis económicas y cambios de gobierno, podría no haber llegado a su final si la ciudadanía y las autoridades apuestan por el diálogo.Porque cuando se apaga un escenario, no solo se cierra un local: se apaga una parte del alma cultural de la ciudad.
