
El fracaso habitacional que se oculta tras las fachadas del progreso
A simple vista, parece un barrio cualquiera. Pero basta una advertencia para romper la ilusión: “Ese coche blanco ya está identificado. Las motos ya avisaron”. Así lo dice Antonio, de pie sobre una montaña de escombros en La Trinidad, un fraccionamiento a las afueras de Zumpango. Su voz no es amenaza, es realidad. Aquí, las casas no sólo están abandonadas. Algunas se han convertido en puntos de secuestro, otras, en silenciosas tumbas de la política de vivienda fallida que dominó el México de los 2000.
Viviendas vacías, promesas rotas
Durante el auge inmobiliario impulsado por el Infonavit y los subsidios federales, empresas como Geo, Homex, Sare, Ara y Urbi levantaron miles de casas a toda velocidad. Prometían modernidad, plusvalía y desarrollo. La realidad fue distinta. En Zumpango, Tecámac, Ixtapaluca o Chimalhuacán, los desarrollos quedaron aislados, sin servicios, sin transporte y, eventualmente, sin habitantes.
Jairo, uno de los pocos residentes de La Trinidad, recuerda haber comprado su casa en 320 mil pesos. Hoy vive rodeado de cascarones vacíos, viviendas saqueadas y calles donde sólo prosperan el silencio y la maleza.
Casas habitadas por el miedo
Las historias se repiten: fraccionamientos enteros convertidos en ciudades fantasma, terrenos baldíos que devoran lo habitado, y “halcones” vigilando cada movimiento desde motocicletas. A la inseguridad se suma el abandono institucional y social. El Estado prometió una vida digna, pero entregó distancias imposibles, agua racionada y calles sin luz.
Infonavit: del crédito a la cárcel geográfica
El modelo era simple: usa tus puntos Infonavit. Miles lo hicieron sin saber que la casa que compraban no era habitable. Sandra Saldívar nunca vivió en la que adquirió en Galaxia Cuautitlán. Solo la compró para no perder su crédito.
La política de vivienda terminó encadenando a trabajadores a deudas por inmuebles ubicados en zonas donde un simple traslado al trabajo puede tomar más de dos horas… si no llueve.
De ciudad dormitorio a trampa inmobiliaria
Jiménez, residente en Tecámac, narra la rutina que lo asfixia: salir a las 5:30 AM para llegar al trabajo a las 9. En días de tormenta, ha llegado a casa a las 5 de la mañana. Su historia no es única. Muchos, como él, enfrentan la doble carga de la inseguridad y los trayectos inhumanos.
Casas de papel, concreto y abandono
Geo y Homex quebraron, pero sus casas siguen ahí, erosionadas por el tiempo, los saqueos y el olvido. Aun así, la construcción no se detiene. Nuevos desarrollos como Valle de los Cedros, Solares y Privadas del Parque siguen surgiendo en el Edomex, ofreciendo lo mismo: distancia, fragilidad e incertidumbre.
El espejismo del AIFA y la falsa plusvalía
Con la llegada del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, los desarrolladores prometieron un nuevo auge inmobiliario. “La casa que compré por 700 mil ahora vale 1.2 millones”, dice Jiménez. Pero ese supuesto valor no alcanza a cubrir el costo de vivir lejos de todo.
La doble cara del mercado: preventas y traspasos desesperados
Anuncios de casas “desde 1.1 millones” conviven con rejas pintadas que ofrecen traspasos urgentes. “¿Quieres regresar tu crédito Infonavit?”, rezan los letreros. Porque incluso quienes lograron adquirir una casa ahora buscan cómo deshacerse de ella.