En menos de una década, México pasó de registrar más de 2.3 millones de nacimientos en 2015 a solo 1.6 millones en 2024. La caída de casi un 30 por ciento en los partos refleja un cambio en las decisiones de vida de miles de jóvenes, quienes cada vez con más frecuencia eligen no tener hijos.
La psicóloga Alim Yam advierte que detrás de esta tendencia no hay una sola explicación, sino una combinación de factores culturales, económicos y emocionales que se entrelazan y modifican las expectativas familiares en el país.
“Durante mucho tiempo, en nuestra sociedad se asumió que tener hijos era el paso natural después del matrimonio o de cierta edad adulta. Hoy esa idea ha cambiado.
“Las nuevas generaciones cuestionan ese mandato y piensan primero en sí mismas, en sus proyectos personales, en su libertad, en lo que quieren vivir antes de hacerse responsables de una vida”, dijo.
La psicóloga explicó que el cambio generacional se refleja incluso en las conversaciones cotidianas dónde lo que antes era una obligación, ahora es una elección que se discute con argumentos, miedos y también con sueños distintos.
“Hoy en día muchas personas jóvenes ya no piensan en la maternidad o la paternidad como un destino inevitable, sino como una posibilidad que puede o no formar parte de su proyecto de vida”, comentó.
El peso de lo económico y lo laboral
Uno de los principales factores que actualmente son considerados por las nuevas generaciones ante la idea de traer a un ser vivo al mundo, es el costo que conlleva su crianza.
“No podemos dejar de lado que muchas parejas jóvenes sienten que la vida se ha vuelto demasiado cara. Comprar una casa, pagar servicios, acceder a una educación de calidad, todo implica una presión económica enorme.
“Ante esa realidad, muchos optan por no sumar una responsabilidad más. Para algunos, incluso resulta impensable alcanzar metas como una casa propia, y entonces la idea de tener un hijo, con todo lo que implica en términos económicos, se convierte en un temor adicional”.
Agregó que es fácil ver como en generaciones anteriores es muy común ver familias grandes con más de 10 hijos, mientras que de unos años a la actualidad, predominan los hogares con uno o dos hijos, o incluso ninguno.
“El dinero no lo es todo, pero sí condiciona la manera en que se piensa el futuro. Si alguien siente que apenas puede sostenerse, difícilmente va a pensar en maternidad o paternidad”, comentó Alim.
La búsqueda de libertad y realización personal
Por otro lado, la psicóloga explica que con las nuevas generaciones, también se observa un cambio en la escala de prioridades, en donde la familia ha quedado en un segundo plano, posicionando como una prioridad el bienestar propio.
“Muchas mujeres y hombres jóvenes prefieren invertir su tiempo y sus recursos en viajar, en estudiar, en construir una carrera profesional o en simplemente disfrutar su independencia. Ven la maternidad o la paternidad como algo que limita estas posibilidades y prefieren postergarlo, o incluso descartarlo por completo”.
Mencionó que este giro no significa que exista un rechazo a la idea de formar familia, sino que ahora se redefinen los tiempos.
“Antes, alguien podía tener su primer hijo a los 20 años. Hoy, en muchas ciudades, las personas esperan hasta después de los 30, cuando sienten que ya lograron otras metas”, explicó.
Los “perrhijos”: otra forma de cuidado y compañía
Un fenómeno que la psicología Alim destaca es la creciente tendencia a formar vínculos afectivos intensos con mascotas, conocidas popularmente como “perrhijos”, en donde se sustituye la crianza de hijos.
“Muchas personas jóvenes canalizan su deseo de cuidar y educar en sus animales de compañía. Les dedican tiempo, recursos y afecto como si fueran hijos, y esto en parte sustituye el rol tradicional de la maternidad o paternidad”, comentó Yam.
Este vínculo, según la psicóloga, refleja una necesidad de compañía, responsabilidad y afecto, pero también evidencia que las nuevas generaciones están redefiniendo lo que significa cuidar de otros y formar un hogar.
Un cambio que también trae aprendizajes
De acuerdo con las proyecciones de la psicóloga, esta transformación en los ideales de la paternidad y maternidad tendrá efectos visibles en pocos años, que se reflejarán en un cambio en la estructuración social. Sin embargo, la psicóloga destacó que esta tendencia también abre oportunidades.
“Si bien es legítimo que cada persona decida sobre su vida reproductiva, no podemos ignorar el impacto colectivo. Habrá un desequilibrio poblacional que pondrá a prueba los sistemas de salud, de pensiones y de educación.
“Aunque por otro lado, estamos aprendiendo a valorar la crianza como una decisión consciente y no como una imposición social. Eso puede llevar a que quienes sí decidan tener hijos lo hagan desde un lugar de mayor responsabilidad y amor, y no por cumplir con una expectativa externa”, dijo.
