El consumo de bebidas azucaradas desde la infancia se ha convertido en un problema de salud pública en México. Durante la conferencia mañanera de este martes 19 de agosto en Palacio Nacional, el titular de la Secretaría de Salud (SSA), David Kershenobich, alertó sobre los riesgos de estos productos, que van más allá de la obesidad y la diabetes: afectan directamente la salud intestinal y cardiovascular.
México y Colombia lideran el consumo de refrescos
Kershenobich destacó que México y Colombia son los países con mayor consumo de refrescos en el mundo, con un promedio de 166 litros por persona al año. «Siete de cada 10 niños y adolescentes mexicanos consumen diariamente un refresco, incluso en el desayuno», señaló. Esta práctica ha provocado que cuatro de cada 10 niños y adolescentes presenten sobrepeso u obesidad, superando en más del 10% la ingesta recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Impacto en la salud: de la obesidad a enfermedades graves
El funcionario explicó que el consumo excesivo de estas bebidas no solo produce sobrepeso y diabetes, sino que también está asociado a hipertensión, problemas cardiacos, daño renal crónico, hígado graso y cirrosis. Incluso, algunos casos requieren hemodiálisis para tratar complicaciones graves. Solo el año pasado, México registró 190 mil muertes por enfermedades cardiovasculares y 110 mil por diabetes mellitus, según datos oficiales.
Refrescos light: un riesgo subestimado
No solo los refrescos tradicionales representan un peligro. Kershenobich alertó que dos refrescos light diarios pueden alterar las bacterias intestinales, incrementando el riesgo de infarto o hemorragia cerebral. “Tenemos bacterias intestinales que nos protegen, pero el consumo de bebidas azucaradas favorece bacterias dañinas, generando alteraciones importantes para la salud”, explicó.
Prevención desde la infancia: programas y campañas
Como parte de la estrategia preventiva, la SSA impulsa programas como Vive Feliz, Vive Saludable, enfocados en disminuir el consumo de comida chatarra y bebidas azucaradas desde temprana edad. La intención es fomentar hábitos alimenticios saludables y reducir la incidencia de enfermedades crónicas a largo plazo.
David Kershenobich concluyó su intervención con un llamado a la reflexión: “Es momento de revisar nuestros hábitos y proteger la salud de nuestros hijos desde la infancia”.
