La amenaza arancelaria de Donald Trump contra México, justificada por la lucha contra los cárteles, se produce apenas 24 horas después de que Ovidio Guzmán, hijo de «El Chapo», se declarara culpable en EE.UU. Este hecho desata el debate: ¿es una coincidencia o una calculada jugada política?
La decisión del presidente Donald Trump de imponer un arancel del 30% a México ha desatado una tormenta económica y diplomática, pero es el trasfondo político y su timing lo que genera las preguntas más incisivas. La justificación de la medida, centrada en la lucha contra los cárteles, se produce en un momento estratégicamente oportuno para la Casa Blanca, levantando sospechas sobre si se trata de una genuina política de seguridad o de una magistral jugada de ajedrez político.
El «Timing» Político: La Sombra de Ovidio Guzmán
La cronología de los eventos es, como mínimo, reveladora. El viernes, Ovidio Guzmán López, alias «El Ratón» e hijo del notorio narcotraficante Joaquín «El Chapo» Guzmán, se declaró culpable en una corte federal de Estados Unidos, admitiendo su rol en una vasta red de tráfico de drogas. Menos de 24 horas después, el sábado, Donald Trump publicó su carta a la presidenta Claudia Sheinbaum, anunciando los aranceles y citando explícitamente la incapacidad de México para detener a los cárteles como la razón principal.
Esta secuencia no parece ser una coincidencia. La confesión de culpabilidad de una figura de tan alto perfil del Cártel de Sinaloa le proporcionó a Trump la justificación perfecta y de alto impacto mediático. Le permite enmarcar una medida económica, que podría ser impopular entre los sectores empresariales de EE.UU., como un asunto de seguridad nacional y aplicación de la ley. Esta narrativa resuena fuertemente con su base política y desvía el debate de una posible guerra comercial hacia una postura de «mano dura contra el crimen», un terreno donde se siente políticamente más fuerte.
La Reacción del Congreso Mexicano: Entre el Pasado y el Presente
Mientras la amenaza arancelaria se cierne sobre el futuro económico del país, parte de la clase política mexicana parece enfocada en sus propias batallas internas. En los mismos días, el Senado de la República era escenario de debates sobre la investigación contra el expresidente Enrique Peña Nieto, una medida celebrada por Morena pero calificada por el PRI como una «distracción» política.
Este contraste es significativo. Muestra una desconexión potencial entre las prioridades de la agenda política nacional, a menudo centrada en disputas partidistas y revisiones del pasado, y la magnitud de las amenazas externas que enfrenta México en el presente. La presión de Trump exige un frente unido y una estrategia nacional clara, algo difícil de lograr cuando las divisiones internas dominan el discurso público.
Sheinbaum en la Cuerda Floja: Entre la Soberanía y la Negociación
Para la presidenta Claudia Sheinbaum, el desafío es monumental. Se encuentra en una posición delicada, obligada a caminar sobre una delgada línea. Por un lado, debe proyectar una imagen de firmeza y defensa de la soberanía nacional para satisfacer a la opinión pública mexicana. Por otro, la realidad económica la obliga a sentarse a una mesa de negociación en la que, de partida, Estados Unidos tiene la ventaja.
La presión sobre su estrategia es intensa. Medios internacionales como el Wall Street Journal han sugerido que la postura de Sheinbaum de acceder a ciertas demandas de Estados Unidos en el pasado ha rendido «pocos frutos», poniendo en duda la efectividad de una estrategia puramente conciliadora. Ahora, debe demostrar que puede obtener un resultado favorable sin ceder en puntos fundamentales para el país.
¿Una Estrategia para Forzar la Revisión del T-MEC?
Más allá de la justificación sobre los cárteles, analistas del sector privado y expertos en comercio internacional exploran otra posibilidad: que esta ofensiva arancelaria sea una táctica de presión para forzar una revisión anticipada del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Donald Trump se ha referido en varias ocasiones a la próxima revisión del tratado, programada para 2026, como una «renegociación», un término que implica cambios mucho más profundos y sustanciales que una simple revisión. Al crear un ambiente de crisis e incertidumbre, podría estar buscando llegar a esa mesa de negociación con una ventaja abrumadora, utilizando la amenaza de aranceles como una espada de Damocles sobre la economía mexicana para obtener mayores concesiones.
