México restringirá uso de celulares en escuelas desde noviembre

México restringirá uso de celulares en escuelas desde noviembre
México restringirá uso de celulares en escuelas desde noviembre

Durante años, el teléfono celular pasó casi inadvertido de los bolsillos y mochilas a los salones de clases. Primero fue una herramienta para comunicarse con los padres. Después sirvió para buscar información, tomar fotografías de las tareas o utilizar aplicaciones educativas. Pero poco a poco también comenzó a competir con el maestro, los libros, los compañeros y hasta con el recreo.

México decidió ahora ponerle límites y, a partir del 3 de noviembre, los estudiantes de primaria y secundaria no podrán utilizar celulares y otras pantallas durante su estancia en la escuela, salvo casos especiales.

La decisión no apareció de un día para otro. Durante meses, el país abrió una discusión sobre la presencia cada vez mayor de celulares, redes sociales y otras tecnologías en la vida de niñas, niños y adolescentes. Participaron investigadores, pedagogos, profesores, universidades y autoridades educativas. La Secretaría de Educación Pública (SEP) realizó foros regionales y llevó el tema hasta los consejos técnicos escolares. Finalmente, los secretarios de Educación de las 32 entidades llegaron al acuerdo de establecer reglas comunes para recuperar la atención en las aulas y la convivencia durante los recreos.

LOS MAESTROS PIDIERON HACER ALGO

Uno de los datos que terminó inclinando la discusión fue la opinión de quienes conviven todos los días con los estudiantes. Más de medio millón de maestras y maestros participaron en una consulta y 81% se manifestó a favor de establecer algún tipo de regulación. Los docentes reportaron distracciones frecuentes y también situaciones relacionadas con contenidos no apropiados para la edad de los alumnos y casos de acoso. La conclusión de la SEP fue que el celular dejó de ser solamente una herramienta que el estudiante lleva consigo y que su presencia permanente está modificando lo que sucede dentro del salón.

El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, explicó que la decisión distingue entre los diferentes niveles educativos. En primaria y secundaria se restringirá el uso de celulares y tabletas; en educación media superior cada plantel establecerá sus propias reglas para garantizar un uso responsable, seguro y con propósitos pedagógicos. En las universidades, donde los estudiantes son mayores de edad, la intención será fomentar una ciudadanía digital basada en el uso responsable de la tecnología, la ética y el pensamiento crítico.

¿QUÉ PASARÁ CON EL CELULAR?

La medida no significa necesariamente que un estudiante tenga prohibido llevar un teléfono a la escuela. Puede permanecer guardado en la mochila y existirán excepciones para situaciones de emergencia o circunstancias particulares. El cambio está en el momento y el lugar donde podrá utilizarse. En primaria y secundaria, la regla será que el dispositivo no interfiera con las clases ni sustituya la convivencia durante el recreo. La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que el propósito es que niñas y niños recuperen espacios para aprender, conversar, jugar y desarrollar su creatividad.

Por eso, las autoridades prefieren hablar de “restricción” en vez de “prohibición”. La diferencia puede parecer pequeña, pero es importante. Un teléfono puede resultar necesario ante una emergencia y las propias escuelas pueden encontrar situaciones excepcionales en las que una herramienta digital tenga alguna utilidad. “No queríamos caer en un tema que dijera ‘prohibir’, sino ‘restringir’”, explicó Delgado. Ese fue precisamente un punto del debate nacional antes de alcanzar el consenso.

UNA BATALLA POR LA ATENCIÓN

Aquí, el problema de fondo no es únicamente el aparato, sino lo que ocurre dentro de él. Una parte importante del debate nacional se concentró en las redes sociales y en la enorme capacidad que tienen las plataformas digitales para mantener la atención del usuario. Videos breves, notificaciones, reproducción automática, recomendaciones personalizadas y desplazamiento infinito crean una sucesión permanente de estímulos. Para un niño acostumbrado a esa velocidad, sentarse a escuchar una explicación, leer varias páginas o resolver un problema que requiere paciencia puede representar un desafío distinto.

La pedagoga e investigadora de la UNAM Yareni Annalí Domínguez advirtió que la llamada “inmediatez digital” puede favorecer una atención fragmentada. El problema aparece cuando saltar rápidamente de un contenido a otro desplaza actividades que requieren más tiempo: investigar, comparar, cuestionar, reflexionar y construir una idea propia. “El reto de nuestras escuelas no es competir con la velocidad de las pantallas, sino recuperar estos espacios para la pausa, para la atención, para los vínculos y, sobre todo, el pensamiento profundo”, señaló la especialista.

Vibra el teléfono, aparece una notificación y el estudiante mira la pantalla durante unos segundos. Sin embargo, recuperar completamente la concentración puede tomar mucho más tiempo. Datos de la UNESCO citados durante el debate indican que después de una notificación una persona puede tardar hasta 20 minutos en recuperar plenamente la atención sobre la actividad que realizaba. En una clase, donde escuchar una explicación depende muchas veces de seguir una secuencia, esas pequeñas interrupciones pueden terminar teniendo un peso considerable.

EL RECREO TAMBIÉN CUENTA

La nueva regulación tiene otra característica que llama la atención, pues ya no se limita exclusivamente al salón, sino también al recreo. Las autoridades consideran que esos minutos no son tiempo perdido entre una materia y otra, pues ahí los niños corren, inventan juegos, conversan, resuelven desacuerdos, hacen amigos y aprenden a relacionarse sin la intervención permanente de un adulto. Si cada estudiante permanece mirando su propia pantalla, una parte de esas experiencias puede desaparecer.

La profesora de primaria Sandra Ortega Rivero, con tres décadas de experiencia frente a grupo, observó cambios en el comportamiento de los alumnos y señaló dificultades para mantener la concentración, menor tolerancia a la frustración y menos disposición para conversar con otros compañeros. “La mejor estrategia es el acompañamiento, la presencia, el diálogo y el tiempo compartido con las niñas y con los niños”, sostuvo durante el debate nacional.

EL PROBLEMA NO TERMINA EN LA ESCUELA

Limitar el celular durante unas horas tampoco resolverá por sí mismo todos los problemas relacionados con el mundo digital. Ni siquiera los especialistas que han defendido reglas más estrictas sostienen que sea suficiente. La tecnología seguirá esperando al estudiante cuando regrese a casa. Por ello, establecer horarios, evitar pantallas durante las comidas, vigilar los contenidos y conversar sobre lo que sucede en internet serán parte de una tarea familiar que no puede trasladarse únicamente a los profesores.

El psicólogo social Ravi Iyer, director del Instituto de Psicología de la Tecnología de la Universidad del Sur de California y antiguo trabajador de Meta, planteó que el problema no debe cargarse exclusivamente sobre los hombros de padres e hijos. Durante su participación en el debate mexicano cuestionó características como las notificaciones permanentes, la reproducción automática, el desplazamiento infinito y las recomendaciones personalizadas. “Sé de primera mano que estos productos pueden diseñarse mejor”, afirmó. También señaló que muchas funciones buscan prolongar la interacción del usuario con las plataformas.

MÉXICO NO ESTÁ SOLO

La UNESCO expuso durante los foros nacionales que numerosos sistemas educativos ya cuentan con algún tipo de regulación sobre teléfonos celulares en las escuelas. Algunos países establecen restricciones durante toda la jornada; otros solamente dentro de los salones; algunos permiten excepciones educativas, y otros han comenzado a discutir incluso edades mínimas para acceder a determinadas redes sociales. No existe, hasta ahora, un modelo único que todos estén siguiendo.

México ya tenía experiencias previas. La presidenta Claudia Sheinbaum recordó que 16 estados habían establecido algún tipo de restricción antes del acuerdo nacional. Lo nuevo es que ahora las 32 entidades respaldaron una política común. Antes de su aplicación se realizarán asambleas para explicar a maestros y familias cómo funcionarán las reglas. La intención es que cada comunidad escolar conozca qué se podrá hacer, qué estará limitado y cuáles serán las excepciones.

VOLVER AL LÁPIZ, AL LIBRO Y AL JUEGO

La medida tampoco representa un rechazo absoluto a la tecnología. La inteligencia artificial, las computadoras, internet y las herramientas digitales seguirán formando parte de la educación y de la vida cotidiana. “Eso no quiere decir que la inteligencia artificial o las pantallas no sean útiles”, señaló Sheinbaum, quien defendió la recuperación de actividades como escribir, leer y desarrollar habilidades sin depender permanentemente de un dispositivo.

De esta manera, a partir del 3 de noviembre comenzará la prueba más importante: llevar el acuerdo del papel a miles de escuelas. Y para ello, este martes 22 de septiembre se publicará el acuerdo en el Diario Oficial de la Federal y se dará más de un mes para hacer asambleas en las escuelas y decirles a los profesores cómo tienen que actuar y a los padres hablarles de las nuevas restricciones para que hablen con sus hijos.

La verdadera dimensión de la medida se conocerá con el tiempo. Por ahora, México apuesta por recuperar unas horas sin notificaciones, videos ni mensajes, horas para escuchar al maestro, escribir, leer, conversar con los compañeros y volver a descubrir que un recreo también puede disfrutarse sin mirar una pantalla.

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