Día del Amor y la Amistad: Jóvenes cambian el matrimonio por unión libre en México

 

El amor entre los jóvenes mexicanos no ha desaparecido. Lo que ha cambiado es la manera de vivirlo. Hoy los datos del Inegi confirman que cada vez menos jóvenes se casan y cada vez más optan por seguir solteros o vivir en unión libre. No es que no crean en el compromiso, sino que lo están construyendo de otra forma, a otro ritmo y con otras prioridades.

En los últimos veinte años, la proporción de jóvenes de 15 a 29 años que están casados cayó de manera notable. En 2005, alrededor del 20.9% estaba casado; para 2025, esa cifra bajó a apenas 7.6%. Al mismo tiempo, la soltería creció: pasó de 66.6% a 74.4%. Y la unión libre también aumentó, de 10.9% a 15.9%. Esto significa que más jóvenes están solteros y más parejas deciden vivir juntas sin casarse.

Pero detrás de estos números hay historias reales. Hay jóvenes que trabajan todo el día, que rentan con amigos porque el sueldo no alcanza, que ahorran para pagar una maestría o que simplemente no quieren repetir modelos que vieron en casa. Para muchos, casarse ya no es el primer paso natural después del noviazgo.

El tiempo, el dinero y los sueños

Cuando uno habla con chicos y chicas de veintitantos, la conversación casi siempre gira en torno al trabajo, los ingresos y la estabilidad. El matrimonio implica responsabilidades legales, económicas y familiares. Y en un país donde el costo de la vivienda es alto y los empleos no siempre son estables, la decisión se piensa dos veces.

Muchos jóvenes dicen algo muy sencillo: “Primero quiero estar bien yo”. Y no lo dicen desde el egoísmo, sino desde la necesidad de sentirse seguros antes de comprometerse formalmente. Prefieren construir su carrera, viajar un poco, ahorrar o terminar estudios pendientes.

La unión libre aparece entonces como una opción intermedia. Permite compartir gastos, convivir, conocerse en lo cotidiano, pero sin el trámite legal ni la presión social que antes rodeaba al matrimonio. Es una manera de decir ‘estamos juntos, pero sin prisa’.

Las mujeres y el compromiso temprano

Otro dato interesante es que, cuando el matrimonio ocurre antes de los 25 años, es más frecuente entre mujeres que entre hombres. Es decir, ellas se casan jóvenes con mayor proporción que ellos. Esto tiene muchas lecturas: expectativas culturales, decisiones relacionadas con maternidad, presión familiar o incluso diferencias en oportunidades laborales.

Sin embargo, también entre las mujeres jóvenes ha crecido la soltería y la unión libre. Muchas priorizan su desarrollo profesional y buscan relaciones más equitativas. El viejo esquema donde la mujer se casaba joven y dedicaba la mayor parte de su tiempo al hogar ya no es la única opción.

Y aquí entra un tema que casi siempre aparece en las charlas sinceras: el tiempo. Las mujeres, incluso cuando trabajan fuera de casa, suelen dedicar más horas a la convivencia familiar y a los cuidados. Esto influye en la manera en que viven sus relaciones. Para algunas, casarse implica una carga adicional que prefieren postergar hasta sentirse listas.

Vivir juntos sin casarse

Antes, el matrimonio era casi la única puerta para irse a vivir en pareja. Hoy no. La unión libre se ha normalizado. No es una rebeldía ni una rareza. Es una forma más de organizar la vida.

“Quienes viven en unión libre suelen hablar de libertad, pero también de responsabilidad compartida. Pagan renta, servicios, hacen despensa juntos. Se reparten tareas, o al menos lo intentan, y enfrentan los mismos retos que cualquier matrimonio: cansancio, horarios cruzados, falta de tiempo”, dice la psicóloga familiar Eloísa Cons, consultada para este artículo.

La diferencia es que sienten que pueden dar el siguiente paso cuando lo decidan, no cuando la sociedad lo dicta. Algunos eventualmente se casan. Otros no lo consideran necesario.

Pero también hay otro dato que ayuda a entender este cambio generacional: más de la mitad de las personas que viven en pareja dicen que quisieran tener más tiempo para convivir con su familia y amigos. Eso habla de jornadas largas, traslados pesados y poco espacio para la vida personal.

Si el tiempo ya es escaso estando en pareja, muchos jóvenes se preguntan si están listos para sumar más responsabilidades formales. El matrimonio no es sólo una fiesta, pues implica trámites, organización, expectativas familiares. Y cuando el día apenas alcanza para trabajar y descansar, cualquier decisión grande se piensa con calma.

“Si algo caracteriza a esta generación es la búsqueda de relaciones más flexibles. No quieren compromisos vacíos, pero tampoco estructuras que no les hagan sentido. Prefieren acuerdos claros entre ellos, más que cumplir con un molde.

“Para nuestros padres o abuelos, el matrimonio era un paso casi obligatorio al llegar a cierta edad. Hoy no. Hay jóvenes que a los 30 siguen solteros y no sienten que estén atrasados. Otros viven en unión libre desde hace años y se consideran tan comprometidos como cualquier matrimonio”, añade Cons.

Lo importante, dice, ya no es el papel firmado, sino la calidad de la relación. Al menos eso dicen muchos cuando hablan desde la experiencia.

¿ES EL FIN DEL MATRIMONIO?

No. Los matrimonios siguen ocurriendo, sólo que en menor proporción entre los más jóvenes. Además, muchas bodas se dan a edades más avanzadas, cuando la estabilidad económica es mayor. Es posible que parte del descenso no sea rechazo, sino postergación.

También influyen factores prácticos, como los costos de la boda, trámites civiles, gastos asociados a tener hijos. En un entorno donde cada peso cuenta, formalizar puede esperar.

“Al mismo tiempo, hay que reconocer que las expectativas cambiaron. Las nuevas generaciones buscan relaciones donde haya respeto, diálogo y crecimiento personal. Si no lo encuentran, prefieren no formalizar”, afirma la psicóloga familiar Eloísa Cons.

Añade que lo que estamos viendo en México no es una crisis del amor, sino una transformación silenciosa de la vida cotidiana. “Cambiaron los tiempos, las prioridades y las posibilidades. Los jóvenes siguen enamorándose, siguen formando parejas, siguen soñando con un futuro compartido. Sólo que ahora lo hacen con otros ritmos”.

Quizá dentro de unos años veremos otra fotografía distinta. Tal vez el matrimonio recupere terreno, tal vez la unión libre siga creciendo. Lo cierto es que las decisiones sobre pareja ya no se toman por inercia.

“Cuando uno conversa con chicos y chicas de esta generación, entiende que no se trata de miedo al compromiso. Se trata de buscar estabilidad emocional y económica antes de dar un paso que consideran importante. Quieren que, si llega el matrimonio, sea por convicción y no por presión”, dice Cons.

Y eso, bien visto, habla de una generación que piensa más en su bienestar y en el equilibrio entre trabajo, tiempo personal y relaciones. Puede que el acta no sea la prioridad inmediata, pero el deseo de compartir la vida con alguien sigue ahí.

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