Cuando se habla de tensiones geopolíticas, pocas escenas son tan intensas como la que se vivió el pasado fin de semana entre Washington y Caracas. Y desde el primer minuto, un elemento quedó claro: Trump presiona con fuerza, con estrategia y con una narrativa que busca cambiar el rumbo de Venezuela en el corto plazo.
De acuerdo con fuentes oficiales, Donald Trump llamó personalmente a Nicolás Maduro para enviar un mensaje que, según miembros de la administración republicana, ya no admite matices: Estados Unidos multiplicará las acciones militares si el líder venezolano no abandona Caracas en un plazo reducido. Una advertencia directa, sin negociación, sin treguas y sin el margen de maniobra que en otras etapas se consideró.
La llamada incluyó la participación del secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, Marco Rubio, figura clave de la política hemisférica y, sobre todo, una pieza que revela el giro definitivo de Washington hacia una estrategia exclusivamente coercitiva.
Una llamada que marca el fin de las alternativas diplomáticas
Hasta hace unos meses, todavía se analizaban tácticas alternativas para facilitar una transición gradual: acuerdos petroleros, mesas de negociación o pactos discretos con miembros del régimen venezolano. Esa fase terminó. La inclusión de Rubio en la llamada evidencia que la administración republicana ya no contempla caminos intermedios.
Trump fue directo. No ofreció negociaciones, no planteó una hoja de ruta que permitiera a Maduro ganar tiempo. Al contrario: exigió la salida inmediata del mandatario venezolano y de su círculo más cercano, incluyendo a figuras como Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.
Este cambio de tono confirma que Trump presiona como nunca antes y que su intención es desmontar completamente la estructura política, logística y financiera del régimen chavista.
El Cartel de los Soles como pieza central de la presión
Apenas horas después de la llamada, Estados Unidos avanzó con una medida que llevaba meses en discusión: la designación del Cartel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera (FTO). Dado que Maduro es considerado jefe de esta estructura, la clasificación abre la puerta a operaciones militares, financieras y jurídicas mucho más agresivas.
El Pentágono ya mantiene un cerco militar frente a las costas venezolanas, mientras que la Secretaría del Tesoro y el Departamento de Estado operan para asfixiar económicamente a la cúpula chavista. Washington sostiene que estas acciones buscan cortar de raíz las redes de drogas, armas y petróleo que sostienen al régimen.
En la Casa Blanca, los pasos futuros solo los conocen Trump y Rubio, pero fuentes internas coinciden en algo: las operaciones se intensificarán entre principios de diciembre y mediados de enero.
La estrategia militar se acelera
Trump fue especialmente claro durante una videollamada con militares en el Día de Acción de Gracias. Aseguró que quienes trafican drogas ya no podrán mover cargas por mar, y que Estados Unidos comenzará a detenerlas por tierra. Definió el veneno enviado a su país como una agresión directa y reiteró que la ofensiva comenzará muy pronto.
Esto confirma que Trump presiona para ejecutar la mayor operación militar y estratégica en Venezuela desde el inicio de la crisis humanitaria.
La Casa Blanca descarta cualquier encuentro con Maduro
Mientras algunos sectores especulaban sobre una posible reunión entre Trump y Maduro, la Casa Blanca fue tajante: “Es un invento”.
No habrá negociación presencial, no habrá pactos discretos, no habrá un espacio para que el mandatario venezolano busque legitimar su permanencia.
Para la administración republicana, la única salida viable es su partida inmediata acompañada por las figuras más relevantes del régimen.
La oposición se prepara para el escenario final
Edmundo González Urrutia y María Corina Machado se mantienen atentos. Saben que la presión actual puede desembocar en una transición acelerada y que, si Maduro abandona Caracas, deberán tomar el control político, institucional y humanitario de un país devastado.
En este contexto, Washington cree que la transición democrática podría convertirse en una realidad inminente.
Al final, la historia reciente está marcada por un hecho indiscutible: Trump presiona como nunca antes, y su ultimátum podría redefinir el futuro de Venezuela.
