Mientras el mundo contenía la respiración ante el anuncio de paz de Donald Trump, la cruda realidad se imponía con el sonido de las sirenas y las explosiones. Esta es la crónica de una tregua anunciada en redes sociales y desmentida por el fuego en el terreno.
En un giro dramático que sacudió las cancillerías mundiales, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, proclamó el fin de la escalada bélica entre Israel e Irán. A través de su plataforma Truth Social, anunció un «alto el fuego total y completo» para poner fin a lo que denominó la «Guerra de 12 días». Con un tono triunfalista, Trump declaró: «Israel e Irán vinieron a mí, casi simultáneamente, y me dijeron: ‘¡PAZ!’… ¡El mundo y Medio Oriente son los verdaderos GANADORES!». Su mensaje, que culminaba con un «¡DIOS LOS BENDIGA A AMBOS!», parecía sellar un pacto de paz inesperado y de enorme calado geopolítico.
Sin embargo, la euforia diplomática duró poco. La narrativa de paz construida en Washington se topó de frente con la cautela y el desmentido de Teherán, revelando la fragilidad de un acuerdo que parecía más un deseo que un hecho consumado.
La Letra Pequeña de Teherán: ¿Acuerdo o Ultimátum?
La respuesta de Irán no se hizo esperar y llegó para matizar, de forma contundente, el optimismo de Trump. El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, utilizó sus redes sociales para aclarar la postura de su gobierno, afirmando que «Por el momento NO hay ‘acuerdo’ para un alto el fuego».
La declaración de Araghchi desvelaba la letra pequeña del supuesto pacto. No se trataba de un acuerdo mutuo, sino de un ultimátum condicional. Irán, según el canciller, detendría su respuesta militar únicamente si «el régimen israelí detiene su agresión ilegal contra el pueblo iraní a más tardar a las 04:00 hora de Teherán». Este matiz transformaba por completo el escenario: no era una paz negociada, sino una pausa unilateral y condicionada, dejando la puerta abierta a la reanudación de las hostilidades si las acciones de Israel no cesaban en el plazo estipulado. La diplomacia por redes sociales demostraba así su peligrosidad, creando un vacío de información que ambas partes parecieron dispuestas a explotar hasta el último segundo.
Lluvia de Fuego hasta el Último Minuto
La ambigüedad del «acuerdo» se tradujo en más violencia sobre el terreno. Lejos de silenciarse, las armas rugieron con especial intensidad en las horas previas y posteriores al anuncio. Periodistas de agencias internacionales reportaron fuertes y continuas explosiones en Jerusalén y Tel Aviv justo cuando el alto el fuego debía entrar en vigor, descritas como las más intensas desde el inicio de la ofensiva.
La «paz» de Trump no pudo evitar la tragedia. Un misil balístico iraní impactó directamente contra un edificio de apartamentos en Beersheba, en el sur de Israel, causando la muerte de al menos tres personas. Este ataque, ocurrido después del anuncio de paz, se convirtió en el símbolo sangriento de la desconexión entre las palabras y los hechos. Poco después, el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí denunció un «impacto directo» sobre el Hospital Soroka de la misma ciudad, pidiendo a la población que no se acercara al centro médico mientras se evaluaban los daños y los heridos.
«Un impacto directo fue reportado en el Hospital Soroka de Beersheba… Estamos actualmente evaluando los daños, incluso heridos. Le pedimos al público no venir al hospital en este momento.» – Portavoz del Hospital Soroka.
La Furia de Trump: «¡Trae a tus pilotos a casa ya!»
La continuación de los ataques, especialmente por parte de Israel, desató la frustración en Washington. Fuentes de la Casa Blanca filtraron que Trump estaba «especialmente decepcionado» con el gobierno de Netanyahu por continuar las operaciones militares tras el anuncio del cese de hostilidades.
La tensión escaló a tal punto que Trump se vio obligado a enviar mensajes directos y contundentes a su aliado. «Israel no va a atacar a Irán… el alto el fuego está en vigor, por favor no lo viole», habría comunicado el mandatario estadounidense en un intento desesperado por salvar el frágil acuerdo. Según reportes, su mensaje fue aún más directo: «¡Trae a tus pilotos a casa ya!», una orden que revelaba el caos y la desconfianza reinante entre los supuestos artífices de la paz.
El conflicto se encuentra ahora en una fase de extrema volatilidad. Una paz sostenida por hilos, donde ambas naciones se acusan mutuamente de violar una tregua que quizás nunca fue formalmente acordada. El mundo observa, esperando que la diplomacia real pueda imponerse al ruido de la guerra y a las declaraciones impulsivas en la arena digital.
