
Nueva tragedia por “Subway surfing” en Nueva York
La ciudad de Nueva York enfrenta nuevamente la tragedia de menores fallecidos por la práctica del “Subway surfing”, un fenómeno donde jóvenes se suben a los techos de los trenes en movimiento. Este martes, la Policía de la Ciudad informó del hallazgo de dos niñas, de entre 12 y 13 años, muertas sobre un vagón de la línea J que se dirigía hacia Brooklyn.
El peligro de subirse a los trenes
Demetrius Crichlow, presidente de la MTA, declaró: “Subirse a un vagón del metro no es ‘surfear’, es suicidio”. Los riesgos son múltiples: caída, aplastamiento entre el tren y las paredes del túnel o electrocución con las vías de alto voltaje. Historias previas, como la de Ka’Von Wooden en 2022, evidencian que esta práctica puede ser mortal, incluso para jóvenes con conocimiento del sistema del metro.
Influencia de las redes sociales y la cultura urbana
El “surf en el metro” tiene más de un siglo de historia, pero su popularidad se ha disparado gracias a las redes sociales. Videos que idealizan esta práctica se viralizan rápidamente entre menores de edad, a pesar de campañas de concientización promovidas por la MTA y figuras públicas como Cardi B.
Medidas de prevención implementadas por la MTA
La MTA ha iniciado varias acciones para reducir esta práctica: instalación de tubos de goma entre vagones, patrullajes con drones y vigilancia mediante sensores y cámaras. Además, se han eliminado más de 1,800 videos en redes sociales que promovían el surf en trenes hasta 2025.
Estadísticas preocupantes y respuestas policiales
En 2024, seis personas murieron practicando “Subway surfing”, frente a cinco en 2023; en lo que va de 2025 se han reportado tres fallecimientos. Los arrestos de menores relacionados aumentaron de 135 en 2023 a 229 en 2024, con edades promedio de 14 años y el más joven de apenas 9.
Testimonios y la necesidad de concientización
Familiares de víctimas, como Y’Vonda Maxwell, madre de Ka’Von Wooden, critican la falta de medidas efectivas por parte de autoridades. Expertos sugieren que, además de sanciones, es vital implementar educación preventiva y barreras físicas que dificulten subir a los trenes.