El huracán Katrina, categoría 5, azotó la costa sur de Estados Unidos hace 20 años, dejando un saldo de más de mil 300 muertos y daños superiores a 125 mil millones de dólares. Originado el 24 de agosto de 2005 al sureste de las Bahamas, tocó tierra por primera vez en Florida como categoría 1, dejando 14 muertos y las primeras inundaciones.
Poco después, al ingresar al Golfo de México, el ciclón se intensificó y alcanzó vientos sostenidos de 280 km/h, golpeando duramente Nueva Orleans, Luisiana, Misisipi y Alabama. Las marejadas ciclónicas de 7 a 8 metros contribuyeron a la ruptura de diques y a la inundación del 80% de Nueva Orleans, convirtiéndolo en uno de los huracanes más mortales y costosos de la historia estadounidense.
Lecciones y legado del huracán Katrina
El Servicio Meteorológico de Nueva Orleans emitió advertencias tempranas, pero la falta de comunicación efectiva y la confianza excesiva en la infraestructura contribuyeron a la magnitud de la tragedia. La mayoría de las víctimas eran personas mayores atrapadas en sus hogares por las inundaciones.
Katrina también evidenció la importancia de mejorar los sistemas de alerta y la preparación ante desastres naturales. Según el meteorólogo Mike Buchanan, la lección principal fue el impacto devastador del agua, que fue el factor determinante de las pérdidas humanas y materiales.
Desde entonces, Estados Unidos ha perfeccionado la predicción de huracanes y la difusión de alertas, pero el calentamiento global sigue aumentando la intensidad de los ciclones. Katrina sigue siendo un recordatorio de los riesgos que enfrentan las comunidades costeras y de la necesidad de preparación y resiliencia ante desastres naturales.
