En los años setenta, en plena Guerra Fría, Estados Unidos desplegó el E-4B Nightwatch, un avión basado en el Boeing 747-200 que se convirtió en sinónimo de supervivencia estratégica. Su misión era clara: mantener la continuidad de gobierno y el control de las fuerzas armadas en caso de un ataque nuclear.
A lo largo de los años, estos “búnkeres voladores” han estado presentes en momentos críticos, como el 11 de septiembre de 2001, cuando al menos una de estas aeronaves fue utilizada como centro de mando alternativo.
Hoy, cuatro décadas después, llega el relevo: el E-4C SAOC (Survivable Airborne Operations Center).
El primer vuelo del E-4C SAOC
Este 2025, un Boeing 747-8 profundamente modificado despegó por primera vez desde Dayton, Ohio, iniciando la campaña de ensayos de la aeronave que reemplazará a los E-4B.
El proyecto, liderado por Sierra Nevada Corporation, cuenta con un contrato de 13.000 millones de dólares hasta 2036. El objetivo: entregar una plataforma aérea capaz de resistir ataques nucleares, cibernéticos o pulsos electromagnéticos, asegurando que la cadena de mando estadounidense nunca se rompa.
Tecnología y resistencia: un “Pentágono volante”
El salto tecnológico es notable:
- Basado en el Boeing 747-8, con mayor autonomía y eficiencia que sus predecesores.
- Reabastecimiento en vuelo para operar durante días sin aterrizar.
- Sistemas de comunicaciones seguras, resistentes a ataques cibernéticos y nucleares.
- Blindaje reforzado contra pulsos electromagnéticos.
- Cabina ampliada para personal de mando y equipos técnicos.
Todo diseñado bajo un modelo de datos abiertos, lo que permite al gobierno controlar la evolución del proyecto y no depender exclusivamente de Boeing, que quedó fuera de la competencia en 2023.
De la Guerra Fría al siglo XXI
Los actuales E-4B Nightwatch siguen activos desde la base aérea de Offutt, Nebraska, pero su edad juega en contra: piezas difíciles de conseguir, costos de mantenimiento elevados y disponibilidad de apenas el 55%.
El E-4C SAOC asegura que Estados Unidos mantenga un centro de mando estratégico en el aire durante las próximas décadas. Más que una actualización, es un relevo generacional que refleja cómo la disuasión nuclear sigue siendo parte central de la política de defensa estadounidense.
Un símbolo de disuasión silenciosa
Aunque poco conocidos por la opinión pública, estos aviones han acompañado a presidentes y secretarios de Defensa en viajes internacionales, han estado en alerta durante discursos al Congreso y forman parte de protocolos de seguridad nacional.
En el imaginario militar, el “avión del juicio final” representa algo más que tecnología: es la garantía de que, pase lo que pase en tierra, Estados Unidos tendrá un Pentágono en el aire.
