La tensión comercial entre Estados Unidos y China parece vivir una tregua temporal. Pero el reloj avanza, y el 12 de agosto marca una fecha límite. En una movida diplomática decisiva, ambas potencias se preparan para una nueva ronda de negociaciones comerciales en Estocolmo, Suecia. El objetivo: extender una frágil tregua de 90 días que ha enfriado una disputa con implicaciones globales.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, confirmó su participación y reveló que además de buscar una prórroga, Washington planteará temas estructurales, como el desbalance manufacturero y la dependencia china del modelo exportador.
Una historia de tensión y ajustes
Desde abril, cuando la administración Trump reactivó medidas arancelarias, el conflicto se ha intensificado. Sin embargo, en Ginebra y Londres se lograron avances: EEUU flexibilizó el control sobre semiconductores, y China respondió con acceso ampliado a sus tierras raras. Ahora, Estocolmo se convierte en el nuevo escenario donde el futuro del comercio global estará sobre la mesa.
«Queremos que China se abra», declaró Bessent. «El 30 % de la manufactura mundial proviene de ellos, eso no es sostenible».
Fentanilo, petróleo ruso y DuPont: temas en agenda
Más allá de los aranceles y la manufactura, Estados Unidos busca presionar a China por el control de precursores químicos usados en la fabricación de fentanilo. También exigirá transparencia en la compra de petróleo ruso, amenazando con aranceles del 100 % a quienes mantengan ese comercio, incluida la India.
Como gesto diplomático, China suspendió la investigación antimonopolio contra DuPont, lo que se interpretó como una señal de distensión.
China quiere acceso a tecnología, EEUU quiere reequilibrio
Mientras EEUU exige la reducción del déficit comercial bilateral, Beijing insiste en acceder a tecnologías estratégicas. El desafío es grande: China depende de proveedores extranjeros en áreas clave como los chips, mientras EEUU quiere reforzar su capacidad manufacturera interna y reducir su dependencia de productos asiáticos.
Ambas partes saben que el éxito de esta ronda no solo afectará sus economías, sino también la estabilidad del comercio mundial.
El papel de Suecia y el impacto global
El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, celebró la cita en su país. “Bienvenidos a Suecia”, publicó en X. Para Estocolmo, es una oportunidad de mostrar liderazgo diplomático. Para el mundo, es una esperanza de que las dos mayores economías puedan alcanzar un equilibrio.
