Una sombra de controversia cubre a Estados Unidos luego de que se confirmara que destruirá casi 500 toneladas de alimentos energéticos destinados originalmente a emergencias. Estos productos, almacenados en Dubái, fueron comprados con fondos públicos para ser usados en situaciones críticas como la actual crisis humanitaria en Gaza.
Las galletas, altamente nutritivas, podrían mantener con vida a una persona en emergencia con solo dos raciones diarias. Sin embargo, en lugar de ser enviadas a zonas en conflicto o pobreza extrema, serán eliminadas a un costo adicional de 100 mil dólares, generando indignación global por el desperdicio de recursos.
Una falla sistémica con impacto humano
Según un exfuncionario de USAID, la descentralización de la logística y la eliminación de sistemas de control durante la administración de Donald Trump impidieron que estas galletas fueran reubicadas a tiempo. Antes, había protocolos para donar productos próximos a caducar a lugares con urgencia humanitaria. Hoy, ese sistema ya no existe.
«Se desmontaron los equipos que gestionaban esas transferencias. No es un error, es una falla estructural», aseguró la fuente, que prefirió permanecer en el anonimato.
Gaza: sin comida, sin agua, sin ayuda
Mientras tanto, en Gaza, la situación es devastadora: millones sin agua potable, sin acceso a gas ni alimentos. Y aunque las galletas podrían haber hecho la diferencia, la ayuda internacional está paralizada.
Voces críticas sostienen que esta destrucción de alimentos representa más que un error burocrático: es una oportunidad perdida para salvar vidas. Y no es la primera vez que sucede.
También afecta dentro de EE.UU.
El impacto no se limita al extranjero. En Estados Unidos, organizaciones como el Banco de Alimentos Capital Area han reportado pérdidas millonarias. Solo en los últimos meses, más de 1.3 millones de dólares en alimentos prometidos por el gobierno no fueron entregados. Además, el Departamento de Agricultura suspendió el envío de 500 millones en insumos.
Este panorama ha dejado a bancos de alimentos y comunidades vulnerables sin el apoyo necesario, mientras toneladas de comida terminan en la basura.
¿Reestructurar o seguir desperdiciando?
La pregunta ahora es si habrá cambios para evitar que esta historia se repita. Diversas ONG y organismos internacionales exigen transparencia, restauración de los sistemas logísticos de emergencia y una revisión profunda de la gestión de alimentos en reservas humanitarias.Si algo queda claro, es que el problema no es la escasez, sino la administración. El desperdicio de alimentos, especialmente en un contexto global de múltiples conflictos y hambruna, es más que un fallo: es un fracaso moral.
